Un empleado de oficina grabó a una ardilla que picotea imperturbable tras el cristal, mientras el perro, al otro lado de la ventana, la observa con una expresión de: «¿Y para mí?» Una historia muy divertida sobre la injusticia social.
3 de octubre en el exterior de la oficina, en el alféizar de la ventana, se instaló una ardilla. Delante de ella, un cacahuete. De excelente humor. El día claramente estaba siendo un éxito.
Al otro lado del cristal está sentado un perro.
Y mira.
Con mucha atención.
La ardilla, además, ni siquiera intenta esconderse. Toma un fruto seco tras otro con total tranquilidad y come con tal aire que parece comprender perfectamente que el cristal está de su lado.
Y el perro solo puede observar.
Ni intervenir.
Ni pedir que le dé un poco.
Ni explicar lo injusto que está organizado este mundo.
Su mirada resultó especialmente expresiva: esa misma en la que literalmente se lee:
«¿O sea que ella puede comer cacahuetes y yo solo mirar?»
La ardilla, por su parte, mantiene una calma absoluta y continúa con su desayuno, sin mostrar la más mínima compasión.
Al final resultó una historia muy breve, pero sumamente clara, sobre la vida.
A veces, entre tú y la felicidad solo hay unos pocos milímetros de cristal.
Y al otro lado, alguien incluso come cacahuetes de forma demostrativa. 😄




