El domingo 27 de septiembre, en las calles de Berlín, el etíope Gaye Adola, de 35 años, cruzó la línea de meta con un récord personal de 2:02:50. Recuperó el título que conquistó por primera vez en 2021 y lo hizo en un momento en que muchos ya lo daban por acabado.
Adola se despegó del grupo de líderes tras el kilómetro 25, cuando el ritmo decayó ligeramente. En los siguientes diez kilómetros creó una ventaja de nueve segundos sobre su compatriota Gemechu Dida, y hacia la meta la amplió hasta 29 segundos. Segundo fue Dida con un registro de 2:03:19, tercero el tanzano Gabriel Geay (2:03:59). Los etíopes volvieron a dominar, completando un doblete junto con la ganadora de la carrera femenina, Tigst Assefa.
Para Adola, Berlín es un lugar especial. Aquí debutó en la distancia de maratón en 2017 y solo cedió ante Eliud Kipchoge, estableciendo entonces un récord personal de 2:03:46. Nueve años después mejoró ese tiempo en casi un minuto, pese a la edad, que en el maratón suele considerarse el umbral del declive. Su victoria en Róterdam en la primavera de 2026 ya insinuaba una vuelta a la forma, pero fue en Berlín donde demostró que la experiencia y la paciencia pesan más que la velocidad bruta de los rivales jóvenes.
La clave del éxito de Adola no está solo en la táctica del ataque en solitario, sino también en la psicología. En el maratón, como en una larga partida de ajedrez donde cada movimiento exige calcular decenas de jugadas por adelantado, el corredor de 35 años leía mejor el cansancio de sus rivales. Esperó el momento en que el grupo empezara a perder la concentración y asestó el golpe. Este enfoque contrasta con la táctica agresiva de los etíopes más jóvenes, que a menudo se apagan antes de la meta.
La victoria de Adola recuerda la historia de un maestro experimentado que regresa a la arena donde alguna vez brilló y demuestra que la edad no es una condena, sino un capital acumulado. En un mundo donde los patrocinadores y las federaciones van tras nuevas estrellas, resultados así obligan a reconsiderar el valor de la estabilidad y de la preparación a largo plazo.
El dominio etíope en el maratón continúa, pero el ejemplo de Adola muestra que incluso en la era de los resultados ultrarrápidos el factor decisivo sigue siendo la capacidad humana de tener larga paciencia y de calcular con precisión las fuerzas.



