Cuando la música se convierte en persona: dieciséis horas dentro del universo de Bach

Autor: Inna Horoshkina One

Dieciséis horas dentro del Universo de Bach. Кэлвин Боумен se convierte en un espacio a través del cual la música entra de nuevo en el mundo.

Seis de la mañana. Brisbane apenas despierta, y en la Sala de Conciertos del Queensland Performing Arts Centre ya suena la primera frase de órgano.

Al instrumento está el organista y compositor australiano Calvin Bowman. Por delante tiene dieciséis horas de música: preludios, fugas, corales, fantasías y conciertos de Johann Sebastian Bach.

No es un programa de concierto habitual. Es una inmersión en el universo musical que se fue creando a lo largo de casi medio siglo de la vida del compositor. Una obra sucede a otra y, poco a poco, desaparece la sensación acostumbrada de piezas individuales, de horas e incluso del propio intérprete.

Queda la música, y una persona que se convierte en su guía.

Un día: todo el universo organístico de Bach

13 de septiembre de 2026 en el marco del Brisbane Festival, Calvin Bowman interpretó en el QPAC la colección completa de obras para órgano de Johann Sebastian Bach. El concierto comenzó a las 6:00 y duró alrededor de dieciséis horas con los descansos previstos. Los oyentes podían entrar y salir libremente de la sala a lo largo del día.

En el programa se unieron obras escritas para el oficio religioso, la enseñanza, las ocasiones solemnes y la demostración de maestría virtuosa. Junto a las bien conocidas tocattas, preludios y fugas sonaron corales y piezas breves raramente interpretadas.

Fue el tercer maratón bachiano de un solo día confirmado de Bowman. Anteriormente había interpretado el ciclo completo para órgano en un solo día en el año 2009 en el Melbourne International Arts Festival y en el año 2022 en MONA Foma en Tasmania. Ya en el año 1995 el músico presentó públicamente la colección completa de obras para órgano de Bach, aunque no hay confirmación de que entonces todo el ciclo sonara a lo largo de un solo día.

Por eso el acontecimiento de Brisbane no fue una repetición de una experiencia anterior, sino un nuevo encuentro con una música de la que uno no puede volver siendo la misma persona.

El organista toca con todo el cuerpo

El órgano exige del intérprete una coordinación casi imposible.

Las manos trabajan simultáneamente en varios manuales, los pies llevan una línea independiente en el teclado de pedal, y los registros cambian la arquitectura tímbrica de la obra. El músico debe leer varias voces a la vez, mantener la forma de la composición y controlar continuamente el espacio del sonido.

Durante la ejecución de dieciséis horas, la resistencia física se convierte en parte de la interpretación. No basta con conocer las notas: es necesario dosificar las fuerzas para que las obras finales conserven la misma claridad, atención y recogimiento interior que las de la mañana.

Bowman contaba que la principal lección de los maratones anteriores residía precisamente en la capacidad de calcular la energía. Tras interpretar el ciclo en 2009, necesitó aproximadamente una semana para recuperarse por completo.

Pero este esfuerzo no es el objetivo. Solo muestra el precio de la presencia continua en la música.

Arquitectura que suena

El ciclo completo sonó en el gran órgano de la firma Johannes Klais Orgelbau. El instrumento fue construido en los años 1985–1986, su entonación finalizó en enero de 1987, y la primera temporada de conciertos de órgano tuvo lugar en mayo de ese mismo año.

El órgano cuenta con cuatro manuales y 88 registros sonoros. Es capaz de pasar de un susurro casi ingrávido a una potencia sonora que se siente no solo con el oído, sino con todo el cuerpo.

Cada registro posee su propio timbre, y sus combinaciones crean espacios sonoros completos. En una obra, el órgano recuerda al aliento humano; en otra, a un coro, una orquesta o el tañido de las campanas. A veces, las voces individuales divergen en distintas direcciones para luego volver a unirse en una estructura armónica común.

Bach despliega las posibilidades de este instrumento como un arquitecto: construye líneas, simetrías, tensiones y puntos de equilibrio. Solo que, en lugar de piedra y luz, utiliza el tiempo y el sonido.

Cuando el tiempo habitual desaparece

Es imposible percibir dieciséis horas de música como un concierto ordinario.

Al principio, el oyente aún distingue las obras, sigue los temas y reconoce entonaciones familiares. Luego, la música empieza a alterar la percepción del tiempo. Las repeticiones, el retorno de las melodías corales y el movimiento de las voces polifónicas crean un ritmo propio, más dilatado que el transcurso habitual del día.

Bowman describió su experiencia previa al interpretar el ciclo completo como un estado de profunda concentración, en el que la música de Bach se sentía casi como la presencia del propio compositor.

Se trata de una vivencia personal del músico, no de una afirmación que pueda confirmarse científicamente. Pero ayuda a comprender la naturaleza de tales maratones: una atención prolongada es capaz de transformar la relación del ser humano con el tiempo, el cuerpo y el espacio sonoro.

El intérprete ya no pasa de una obra a otra. Permanece dentro de un mundo musical único.

De la complejidad al silencio

La polifonía de Bach se construye sobre una multitud de voces independientes.

Cada una se mueve siguiendo su propia trayectoria. Una inicia el tema, otra responde, una tercera entra más tarde y cambia la dirección del flujo musical. Ninguna voz se disuelve en otra y, sin embargo, juntas forman un sistema íntegro.

En esto reside una de las características más asombrosas de la música de Bach: la unidad no surge de la anulación de las diferencias, sino de su interacción precisa.

Incluso Orgelbüchlein — el «Pequeño libro de órgano» — no fue concebido como una simple colección de piezas breves. El ciclo, vinculado al año litúrgico, servía a la vez de espacio de reflexión espiritual y de guía práctica para el organista principiante.

Cuanto más complejo se vuelve el tejido musical, con mayor claridad se percibe su orden interno. La multitud de líneas no genera caos: conduce al silencio, que no surge en lugar del sonido, sino dentro de él.

No un récord, sino un servicio a la música

Una interpretación de dieciséis horas es fácil de imaginar como una prueba de las capacidades humanas. Pero reducirla a un récord sería demasiado simple.

Bowman no intentaba acelerar la música ni convertir a Bach en una hazaña deportiva. La tarea principal seguía siendo conservar el carácter de cada obra, desde la íntima reflexión coral hasta el monumental preludio y fuga.

En este maratón no importa la duración en sí misma. Importa la disposición del músico a entregar a la obra todo lo necesario: atención, cuerpo, memoria, aliento y tiempo.

Así, el intérprete deja de estar entre el compositor y el oyente. Se convierte en parte de un sistema musical común: ese espacio vivo a través del cual la obra vuelve a entrar en el mundo.

¿Qué nos ha recordado la música hoy?

Que la integridad no exige uniformidad.

En la fuga, cada voz conserva su propia dirección, pero escucha a las demás. Precisamente por eso la complejidad se convierte en armonía, y la multitud de movimientos independientes, en una forma única.

Lo mismo ocurre en la vida. La unidad no surge cuando una voz ahoga a las demás, sino cuando cada una ocupa su lugar y participa en el sonido común.

A lo largo de dieciséis horas, Calvin Bowman interpretó la música de Bach. Pero poco a poco la frontera entre la obra, el instrumento y la persona se volvía casi indistinguible.

La música pasaba por las manos y los pies del organista, por el aire de la sala, por los tubos del órgano y por la atención de los oyentes. Todo ello ya no eran elementos separados de un concierto, sino un único acontecimiento.

Tal vez, en los momentos más profundos, no nos limitamos a escuchar la música ni a observarla desde fuera. Recordamos que nosotros mismos pertenecemos a su movimiento.

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Fuentes

  • Calvin Bowman : Represented Artist Profile : Australian Music Centre

  • Sixteen hours of Bach: Calvin Bowman is organ music's marathon man

  • Queensland Performing Arts Centre (Concert Hall) South Bank, Brisbane

  • Great Australasian Organs Vol 2: The Klais Organ

  • 'It is insane': the Australian organist playing 16 hours of back-to-back Bach

  • Australian Organist Calvin Bowman to Perform 16-Hour Bach Marathon

  • Australian musician: Bach came to visit

  • Australian Organist Calvin Bowman to Perform 16-Hour Bach Marathon

  • Orgelbüchlein - Wikipedia

  • Dr Calvin Bowman - MSO

  • Calvin Bowman - Official Website

  • 'It is insane': the Australian organist

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