Un equipo de astrónomos ha detectado uno de los flujos de gas ultra-rápidos más intensos jamás registrados, procedentes de las inmediaciones de un agujero negro supermasivo en un cuásar lejano. Las observaciones han revelado dos capas de viento que se desplazan a velocidades equivalentes al 10 y al 30 por ciento de la velocidad de la luz.
El equipo, dirigido por Giorgio Lanzuisi del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia (INAF, Bolonia), utilizó los observatorios de rayos X XMM-Newton y NuSTAR como parte del programa WISSHFUL. El objeto de estudio fue el cuásar WISSH13 con un desplazamiento al rojo de z = 3,294, lo que nos permite verlo tal como era apenas dos mil millones de años después del Big Bang. El agujero negro en su núcleo posee una masa cercana a los dos mil millones de soles, mientras que su luminosidad triplica el valor esperado para dichas dimensiones.
El espectro analizado, basado en datos de octubre de 2024 y registros de archivo de 2017, mostró dos líneas de absorción claramente diferenciadas. Los modelos indican que estas corresponden a dos componentes de un mismo flujo: una capa más lenta de carácter estable y otra más veloz que aparece de forma episódica. En conjunto, expulsan cerca de 20 masas solares de material al año, lo que los sitúa entre los flujos ultra-rápidos (UFO) más masivos y potentes descubiertos hasta la fecha, siendo además el flujo más lejano hallado en un cuásar sin efecto de lente gravitacional.
La estructura de este viento coincide con las predicciones teóricas, presentando un "eje" rápido originado en las regiones más internas del disco de acreción, envuelto por una "capa" más lenta que surge a mayor distancia del agujero negro. Pese a su descomunal energía, el flujo se rige por las mismas leyes de escala observadas en galaxias activas mucho más próximas.
Estos hallazgos se detallan en un artículo publicado en el repositorio arXiv el 3 de junio de 2026 (arXiv:2606.05312) y se encuentran actualmente en fase de revisión final para la revista Astronomy & Astrophysics. Próximas misiones espaciales, como NewAthena, facilitarán la detección de vientos similares en objetos situados a distancias aún mayores.

