En una sala oscura de Pompano Beach, justo al norte de Fort Lauderdale, depredadores transparentes pulsan lentamente en acuarios iluminados, como nubes vivas y luminosas. Aquí, en el Jellyfish Museum privado, inaugurado en la primavera del año 2026, las medusas se han convertido por primera vez en Estados Unidos en las únicas habitantes de todo un museo.
Según sus fundadores, el matrimonio ucraniano Yana Yanovskaya y Alex Yanovsky, es uno de los pocos museos de este tipo en el mundo. En 20 000 pies cuadrados se albergan cerca de veinte especies de medusas procedentes de las aguas de Florida y otras regiones del planeta. Los visitantes observan cómo estas antiguas criaturas, que existen desde hace cientos de millones de años, se mueven con un ritmo hipnótico bajo proyecciones en las paredes.
Las medusas no son solo bellos objetos de contemplación. Desempeñan un papel importante en los ecosistemas marinos: sirven de alimento a peces y tortugas, y ellas mismas regulan las poblaciones de plancton. En las últimas décadas, su número ha aumentado en algunas zonas de los océanos, lo que, según los datos observados, podría estar relacionado con los cambios en la temperatura del agua y la sobrepesca de otras especies.
El museo no solo muestra la biología de estos organismos, sino que también pone de manifiesto la fragilidad del equilibrio en los mares. Cada especie requiere condiciones de mantenimiento específicas, desde la salinidad hasta la iluminación, lo que subraya la complejidad de su adaptación al medio ambiente.
El matrimonio planea ampliar la exposición, atrayendo la atención hacia la fauna marina que a menudo queda a la sombra de los habitantes más «carismáticos» del océano. Visitar un lugar así permite ver cómo incluso las criaturas aparentemente más simples están conectadas con los procesos globales de la naturaleza.
El museo de las medusas nos recuerda que el estudio y la conservación de los ecosistemas marinos comienzan prestando atención a sus habitantes más imperceptibles, pero antiguos.

