En un mundo saturado de retratos glamurosos y encuadres perfectos, existe un fotógrafo decidido a seguir su propio camino. Masayuki Oki (沖昌之), residente de Tokio, se dedica a capturar la esencia de los gatos callejeros. Y lo hace con tal maestría que su obra ha alcanzado renombre internacional.
Masayuki nació el 3 de enero de 1978 en Kobe, en la prefectura de Hyogo. Durante mucho tiempo, su carrera profesional fue ajena a la fotografía; de hecho, llegó a compaginar su labor de fotógrafo con la de dependiente en el sector de la moda. Todo dio un giro radical el 31 de diciembre de 2013, cuando Masayuki se cruzó con un felino al que más tarde bautizaría como «Busyan-sempai» (ぶさにゃん先輩, que podría traducirse como «el veterano gato feo»). En un momento marcado por la crisis emocional y el descontento personal, el encuentro con este humilde animal le brindó una satisfacción tan profunda que, ya el 1 de enero de 2014, Masayuki salió a caminar cámara en mano para retratar a los gatos del barrio. Un año después, tomó una decisión valiente: renunció a su empleo estable para convertirse en un «fotógrafo de gatos» profesional e independiente.
Aunque Masayuki no desvela todos sus trucos, es sabido que el manejo del tiempo y la paciencia son sus herramientas fundamentales para capturar el instante perfecto. Su objetivo inmortaliza comportamientos naturales, sin puestas en escena artificiales. No obstante, la singularidad de su trabajo no reside en la perfección técnica, sino en su particular sensibilidad. No se limita a fotografiar felinos, sino que atrapa momentos en los que estos animales muestran rasgos sorprendentemente «humanos». «Me centro en las emociones que pueden intuirse a través de sus gestos y expresiones faciales, así como en las complejas relaciones que establecen entre ellos; en todo aquello que nos permite percibir su humanidad», explica el artista. En sus fotos, los gatos aparecen sorprendidos, asustados o simplemente somnolientos tras una mala noche. Su lente captura instantes torpes, caídas, saltos fallidos y escenas de gran dramatismo —como peleas, persecuciones o disputas territoriales—, pero también gestos de una ternura conmovedora, como abrazos mutuos, lametones o siestas compartidas. En definitiva, retrata todo lo que conforma el día a día de un gato callejero, sin idealizaciones de ningún tipo. Su estilo puede definirse como antropomórfico, pues sus gatos parecen personas con carácter propio, emociones e historias que contar.
La labor de Masayuki no se limita a las calles de Tokio. Su geografía fotográfica concede un lugar privilegiado a las «Nekoshima» (猫島) o islas de los gatos, lugares donde la población felina supera con creces a la humana. La más célebre es la isla de Aoshima (青島), donde los gatos fueron introducidos a principios del siglo XX para combatir las plagas de roedores en un pueblo de pescadores. A día de hoy, los numerosos descendientes de aquellos felinos son una fuente inagotable de inspiración para el fotógrafo.
El punto de inflexión en la trayectoria de Masayuki llegó en 2017 con la publicación de su fotolibro «Hisshi sugiru neko» (必死すぎるネコ, traducido como «Gatos demasiado desesperados»). La obra fue reseñada en programas de gran audiencia y se convirtió en una auténtica sensación. A este volumen le siguieron otras dos entregas, y la trilogía completa alcanzó una tirada de 80.000 ejemplares. Hasta la fecha, el fotógrafo ha publicado más de 20 libros. Además, cada año se editan calendarios con sus mejores instantáneas. Asimismo, existen diversos datos que ilustran la magnitud de su carrera: entre 2015 y 2019 capturó unas 220.000 fotografías; en 2019 colaboró con la firma de moda ZUCCa creando una colección con estampados felinos; en 2024 protagonizó exposiciones individuales en la Universidad Normal Nacional de Taiwán (國立臺灣師範大學), en el Taiwan Design Kou y en la Canon Open Gallery de Shinagawa, en Tokio; gestiona un perfil de Instagram donde ya cuenta con 839.000 seguidores para 2026; y sus trabajos aparecen frecuentemente en los medios de comunicación más destacados de Japón.
En una época en la que los animales abandonados suelen considerarse un problema social, Masayuki los ha transformado en auténticas estrellas. Su contenido felino resulta a la vez divertido, emotivo y profundamente humano; sus obras cambian la percepción del espectador, pues no son meras imágenes graciosas, sino que nos recuerdan que los animales merecen respeto y atención, y que en la cotidianidad de un gato sin hogar existen la belleza, el drama y la comedia. Demuestra que cada gato callejero es un individuo con su propia personalidad, hábitos y sentimientos. Esta es la maravillosa misión con la que, en su día, le bendijo simbólicamente aquel gato callejero llamado Busyan-sempai.
A veces, para dar un giro radical a nuestra existencia, basta con detenerse, mirar alrededor y saber apreciar la magia que se esconde en lo cotidiano. Y no hay por qué asombrarse si esa magia resulta tener cuatro patas, bigotes y una cola.



