Nuevos hallazgos revelan que las conexiones neuronales se forman mucho antes del nacimiento, lo que indica que el cerebro del recién nacido ya posee patrones de actividad estructurados en lugar de ser una hoja en blanco.
El estudio, publicado en ScienceDaily, se basa en la observación de la actividad espontánea en la corteza de embriones y lactantes. Los científicos identificaron ondas constantes de señales sincronizadas que surgen sin necesidad de estímulos externos y que anteceden a cualquier tipo de experiencia sensorial.
Este descubrimiento cuestiona el modelo clásico de la "tabula rasa", que planteaba el desarrollo como un proceso de llenar un vacío de forma gradual a través del aprendizaje. Al parecer, estas redes tempranas establecen una arquitectura básica sobre la cual se asientan posteriormente las impresiones del mundo exterior.
La analogía con el funcionamiento de una radio antigua ayuda a comprender este mecanismo: incluso sin antena, el aparato ya está sintonizado en ciertas frecuencias, y la señal externa simplemente refuerza o debilita los circuitos ya existentes.
Las implicaciones filosóficas no solo afectan a la neurociencia, sino también a nuestra concepción del conocimiento innato. Si las conexiones fundamentales están predeterminadas genética y prenatalmente, el límite entre la herencia biológica y la crianza resulta ser mucho más difuso de lo que se creía tradicionalmente.
A largo plazo, este tipo de hallazgos podrían transformar los métodos de diagnóstico precoz de trastornos del desarrollo, así como la creación de sistemas artificiales que no partan de cero, sino que hereden estructuras predefinidas.



