La cara amable de la crisis energética: cómo las convulsiones geopolíticas aceleran la transición hacia una economía sostenible

Autor: Tatyana Hurynovich

La cara amable de la crisis energética: cómo las convulsiones geopolíticas aceleran la transición hacia una economía sostenible-1

La crisis energética mundial, exacerbada por el reciente cierre del Estrecho de Ormuz, ha asestado un duro golpe a las cadenas de suministro globales. Sin embargo, esta situación tiene un lado positivo inesperado: ha puesto de manifiesto con una claridad sin precedentes la peligrosa dependencia de la economía mundial de los combustibles fósiles y ha dado un fuerte impulso a las tecnologías «verdes» que los ecologistas han defendido durante décadas.

Como señala el columnista de Positive News Martin Wright, el sol, las algas y la tierra fértil tienen una ventaja importante: no necesitan ser transportados en petroleros a través del Estrecho de Ormuz. Es precisamente esta circunstancia la que se convierte en el «lado amable» de la tormenta económica, que ha afectado tanto a los precios del combustible como al coste de los alimentos debido a la dependencia mundial de los fertilizantes sintéticos.

Independencia energética en acción

Los países que invirtieron de antemano en energías renovables (ER) están cosechando hoy los frutos en forma de un ahorro financiero real. Un claro ejemplo es Pakistán. Según Hugh Knowles, ex director ejecutivo de Friends of the Earth, el país, históricamente vulnerable debido a su dependencia de la importación de combustibles fósiles, ha realizado una rápida transición a la energía solar.

A finales de 2025, la cuota de energía solar en la producción de electricidad en Pakistán aumentó del 2,9 % en 2020 al 32 %. Este paso ha permitido al país ahorrar más de 12.000 millones de dólares en importaciones de combustibles fósiles. Se espera que solo en 2026, las nuevas capacidades aporten a Pakistán un ahorro adicional de 6.300 millones de dólares.

Como acertadamente señaló el autor y ecologista Bill McKibben: «La luz del sol tarda 93 millones de millas en llegar a la Tierra, pero ninguna de esas millas pasa por el Estrecho de Ormuz».

La descentralización como garantía de seguridad

Las energías renovables ofrecen no solo ventajas económicas, sino también estratégicas. A diferencia de las grandes centrales eléctricas centralizadas, las instalaciones de ER están distribuidas por el territorio, lo que las hace mucho menos vulnerables a ataques puntuales o fallos.

Esta lección la ha aprendido bien Ucrania. La mayor empresa energética del país, DTEK, está diversificando activamente su generación, pasando del carbón a la energía solar y eólica. Como señala el representante de la empresa Jeff Outem, una central eléctrica de carbón es extremadamente vulnerable y puede quedar fuera de servicio con un solo misil. Para causar un daño comparable a una central eólica de potencia similar se necesitarían unas 40 misiles.

La revolución en la agricultura

La crisis energética también ha golpeado duramente al sector agrícola, ya que una parte importante del comercio mundial de fertilizantes nitrogenados y sus materias primas también depende de las rutas a través de Oriente Medio. Sin embargo, los agricultores que practican la agricultura regenerativa se han enfrentado a muchas menos dificultades.

Según un informe de 2025, el rendimiento de las granjas regenerativas solo es un 1-2 % inferior al de las tradicionales, mientras que los costes de fertilizantes se reducen en más de un 60 %.

No es de extrañar que crezca el interés por los fertilizantes naturales alternativos, como las algas marinas. Informes recientes del Reino Unido han demostrado que los agricultores locales ya utilizan drones para rociar extractos de algas en los campos de trigo. Y en la costa de los Países Bajos, una nueva granja de algas, apoyada por Amazon, ha cosechado recientemente su primera cosecha, cultivada directamente entre turbinas eólicas marinas.

El principal riesgo es volver a la complacencia

Se dice que una buena crisis no debe desperdiciarse. La historia ya nos ha dado una oportunidad similar: la subida de los precios del petróleo en 1973 provocó una ola de innovaciones en materia de eficiencia energética, que se desvaneció tan pronto como los precios volvieron a bajar.

El verdadero peligro de la crisis actual no es que no podamos encontrar una forma innovadora de pasar a una alternativa más «verde» y segura. La principal amenaza es que, cuando el estrecho vuelva a abrirse y el petróleo fluya como antes, la humanidad olvide la necesidad urgente de cambio y se hunda de nuevo en la complacencia. Hasta la próxima crisis.

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Fuentes

  • Положительные стороны энергетического кризиса

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