En la prefectura de Aomori, en el norte de Japón, unos 1800 voluntarios tiraron de las cuerdas y desplazaron el torreón de 360 toneladas del castillo de Hirosaki más de dos metros.
El sábado arrastraron la torre 1,13 metros, y el domingo, otros 1,09 metros. La gente trabajó en turnos de 80 personas, tirando de cuerdas de 30 metros y coreando «so-re, so-re», el tradicional grito japonés de «¡ea, arriba!».
La torre se colocó sobre raíles y se utilizó el antiguo método hikiya: la estructura se traslada entera sobre rodillos, sin desmontarla. Así se conserva el valor cultural nacional que representa el torreón de Hirosaki.
En el año 2015 la torre ya se había movido para reparar el muro dañado por el terremoto de 1983. Ahora, tras completar los trabajos de piedra, se la devuelve a su lugar histórico.
Hubo cuatro veces más interesados: para 1800 plazas se recibieron unas 8000 solicitudes. Entre los voluntarios hay residentes de todo Japón, así como visitantes del Sudeste Asiático, Europa y Norteamérica.
El movimiento manual continuará hasta finales de agosto: en total, unas 4100 personas desplazarán el torreón cinco metros. Los 73 metros restantes los completará la maquinaria para finales de año.
El castillo de Hirosaki es uno de los doce torreones originales que se conservan en Japón y el único en la región de Tohoku. Fue construido en 1611 y reconstruido en 1810 tras un rayo.
El proyecto tiene un carácter principalmente simbólico: une a la comunidad en torno a la conservación del patrimonio. El regreso completo de la torre a su lugar y la reapertura del castillo a los visitantes están previstos para el año 2033.

