Entrar en la sinfonía: una orquesta en la que el espectador se convierte en músico

Autor: Inna Horoshkina One

Subtítulos: Juega con: Orquesta virtual

Te pones el casco de realidad virtual y la sala de conciertos surge a tu alrededor.

A la derecha se afinan los violines. A la izquierda se preparan los instrumentos de viento. Delante, el director alza los brazos, y a tu espalda la percusión aguarda ya su entrada.

Pero no has venido aquí a observar.

En tus manos aparecen unas baquetas virtuales y ante ti tienes los timbales. Un instante más y la orquesta comienza a interpretar el vertiginoso final de la obertura de la ópera de Rossini «Guillermo Tell».

Ahora esa música también incluye tu parte.

Así funciona Virtual Orchestra: Play Along — un nuevo proyecto interactivo de la británica Philharmonia Orchestra que permite a una persona sin preparación especial no solo encontrarse entre los músicos, sino también tocar junto a ellos.

Un concierto en el que se puede entrar

El proyecto fue presentado oficialmente por la Philharmonia Orchestra en la primavera del año 2026, y del 11 al 13 de septiembre formó parte del festival londinense Creative Intelligence en el Southbank Centre — un programa sobre arte, imaginación y tecnología. philharmonia.co.uk

Antes de comenzar, el participante elige uno de los instrumentos de percusión:

  • los timbales;
  • los platillos orquestales;
  • el triángulo.

Después, unos mentores virtuales lo familiarizan con el instrumento, le explican el patrón rítmico y le proponen hacer un breve ensayo. Una vez completada la preparación, se abre el escenario del Royal Festival Hall, y la persona se encuentra dentro de una actuación real de la Philharmonia Orchestra.

El sistema rastrea los movimientos de los controladores, muestra indicaciones en tiempo real y evalúa con qué precisión entra el participante en los momentos adecuados.

No se requiere formación musical para ello. En el proyecto se pueden tomar por primera vez unas baquetas virtuales y sentir casi de inmediato lo que significa responder por la propia nota dentro de una gran obra.

Una orquesta filmada como espacio

Para crear el escenario virtual no bastaba con colocar una cámara corriente ante los músicos.

La interpretación en vivo se grabó en el Royal Festival Hall en abril de 2025. La orquesta fue dirigida por su director titular, Santtu-Matias Rouvali.

En la sala se instaló un sistema de cámaras tridimensionales con un campo de visión de 360 grados, que filmaban lo que ocurría en una resolución de 12,5K. Gracias a ello, el participante puede girar la cabeza, acercarse a determinados grupos de instrumentos y ver el concierto desde una posición inaccesible para un espectador corriente.

No menos minuciosamente se creó el espacio acústico. El sonido se grabó y se mezcló utilizando tecnología espacial orientada a objetos y ambisonia de orden superior.

Aquí cada instrumento ocupa su lugar real.

El sonido de la trompa llega desde donde está el trompista. Las partes de violín se despliegan desde el lado de la sección de cuerdas. El golpe del timbal no se percibe como una señal general en los auriculares, sino como un acontecimiento que ocurre justo delante del participante.

En consecuencia, no solo se ha grabado el concierto: se ha conservado su arquitectura espacial.

De la observación a la participación

En anteriores proyectos de realidad virtual de la Philharmonia Orchestra, el oyente podía situarse junto a la orquesta y ver la interpretación desde dentro. El nuevo trabajo da un paso más: la persona recibe su propio instrumento y la posibilidad de influir en lo que ocurre.

Como explica la responsable del área de productos digitales y proyectos inmersivos de la orquesta, Marta Jenová, a los participantes se les propone por primera vez no solo estar presentes, sino también desarrollar una habilidad, ensayar y salir al escenario virtual junto con los músicos.

La diferencia parece pequeña, hasta que llega el momento de entrar.

Al escuchar música, podemos admirar su precisión y su belleza. Pero cuando al menos un golpe depende de nuestro movimiento, se abre otro nivel de percepción.

La persona empieza a sentir la pausa antes de su nota. Nota el movimiento del director. Escucha las partes de los instrumentos vecinos y busca su propio lugar dentro del ritmo común.

La música deja de ser un objeto ante él. Se convierte en un proceso en el que participa.

¿Puede la experiencia virtual llevar a la música en vivo?

El proyecto se creó ante todo para niños, adolescentes y personas que nunca han tocado en una orquesta.

En el programa piloto participaron alumnos de once escuelas británicas. Según los datos aportados por los creadores y los periodistas, tras la experiencia 96% de los participantes quisieron asistir a un concierto de música clásica, y 60%, probar a aprender a tocar un instrumento. Estos resultados corresponden a un pequeño grupo piloto y no constituyen una prueba de un efecto educativo a largo plazo, pero muestran una posibilidad importante: la participación virtual puede despertar el interés por hacer música de verdad. www.theguardian.com

La realidad virtual aquí no debe sustituir a la orquesta en vivo.

Se convierte en una puerta para quienes antes percibían la sala de conciertos como algo ajeno y la música clásica como algo complejo y lejano. La persona obtiene una oportunidad segura de entrar, probar y escuchar por primera vez la orquesta no como una construcción monumental, sino como una comunidad de personas individuales, cada una de las cuales aporta su propio sonido en el momento oportuno.

La música empieza con la presencia

La sinfonía no surge solo gracias a la partitura escrita. Para que nazca se necesitan muchos participantes que se escuchen entre sí.

El director marca el movimiento. Los músicos sostienen sus propias partes. Un sonido responde a otro. Incluso la pausa se vuelve común, porque cada uno sabe cuándo es importante no sonar.

Virtual Orchestra: Play Along permite vivir este principio con el cuerpo.

Para formar parte de un todo no hace falta perder la individualidad. Al contrario, el todo necesita que cada uno escuche su propio lugar y manifieste su propia nota a tiempo.

Y, quizá, el descubrimiento principal no ocurre dentro de la tecnología. Surge en el momento en que la persona levanta las baquetas virtuales y comprende:

la sinfonía ya lo rodea, pero ahora también depende de él cómo suene.

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