La carrera global por la verdad sobre los fenómenos no identificados: parlamentarios de Estados Unidos y Japón unen esfuerzos

Autor: Uliana S

A mediados de septiembre del año 2026 ocurrió un acontecimiento que puede cambiar el curso habitual del debate sobre los fenómenos anómalos no identificados. El congresista estadounidense Eric Burlison, junto con el exministro de Defensa de Japón Yasukazu Hamada y el exdiputado del parlamento japonés Yoshiharu Asakawa, publicaron un artículo conjunto. En él declararon abiertamente: los representantes electos de los países democráticos ya no pueden esperar a que sus propios servicios secretos y organismos de defensa decidan qué información entregar. Es hora de actuar en conjunto.

Desde febrero del año 2026, la administración de Estados Unidos, en el marco del programa PURSUE, inició una desclasificación sin precedentes de documentos, grabaciones de video y testimonios sobre encuentros con UAP. Entre ellos hay informes de altos funcionarios de inteligencia sobre objetos «sobrecalentados» que se dividen en partes, maniobran a enorme velocidad y se acercan a los helicópteros a escasos metros. Estos materiales se convirtieron en un alejamiento histórico de casi ochenta años de política de silenciamiento. Sin embargo, los parlamentarios recibieron no respuestas, sino nuevas preguntas. ¿Quién o qué vuela libremente sobre instalaciones militares secretas? ¿A quién pertenece esta tecnología? ¿Y por qué los representantes electos del pueblo todavía no tienen acceso completo a los datos?

Los legisladores japoneses se toparon con el mismo muro. En mayo del año 2026, las publicaciones estadounidenses revelaron dos incidentes no resueltos en la zona de responsabilidad del Comando del Indo-Pacífico de Estados Unidos. Los diputados japoneses se enteraron de ellos no por su propio ministerio de Defensa, sino por los archivos estadounidenses. Aún más revelador resultó el caso de julio del año 2025 junto a la central nuclear de Genkai, en la prefectura de Saga. La seguridad observó tres objetos luminosos durante casi dos horas. La policía calificó después lo visto como «avión», pero las cámaras de la central lo registraron todo. Hasta ahora, los diputados del Parlamento Nacional de Japón siguen sin haber recibido esas grabaciones. El ministerio de Defensa y la policía alegan una investigación en curso.

La agencia estadounidense AARO ya en el año 2023 señaló las zonas occidental y meridional de Japón como uno de los «puntos calientes» mundiales por el número de informes sobre UAP. Ahora los parlamentarios japoneses dicen con claridad: los canales propios no bastan. Lo mismo afirman sus colegas estadounidenses. La vía clásica —«pedir amablemente» a la CIA o al Pentágono— ya no funciona.

Precisamente por eso Burlison, Hamada y Asakawa recurrieron a una nueva plataforma: el Caucus Interparlamentario sobre Nuevas Tecnologías (ETIC). Se trata de una agrupación de diputados de distintos países, creada para debatir las amenazas relacionadas con las tecnologías cuánticas, la inteligencia artificial, los drones y, por supuesto, los UAP. Su lógica es simple: si la información no circula verticalmente dentro de las estructuras nacionales, puede reunirse horizontalmente, comparando datos entre aliados.

Los autores del artículo no ocultan que se trata de una auténtica carrera tecnológica. Las capacidades que demuestran estos objetos —en el ámbito de los motores, el control de la materia y, quizá, del propio espacio-tiempo— ponen en duda las nociones habituales de la física. Mientras los países democráticos discuten sobre el grado de secreto, China ya ha creado una estructura militar especial y conecta la inteligencia artificial para rastrear «condiciones aéreas no identificadas». La tecnología que permite aparecer libremente sobre centrales nucleares y bases militares puede redefinir el equilibrio de poder.

La posición conjunta del congresista estadounidense y los legisladores japoneses suena directa: la gente de nuestros países merece respuestas, y estamos decididos a encontrarlas. Ya no se trata solo de la confrontación interna estadounidense entre el Congreso y los servicios secretos. La arquitectura de la divulgación está cambiando. Los parlamentarios de las democracias aliadas empiezan a actuar directamente entre sí, sorteando las barreras institucionales que durante décadas mantuvieron la información dentro de estructuras cerradas.

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