En los cupratos —materiales basados en el cobre— la superconductividad y el misterioso estado de pseudogap libran una auténtica batalla cuántica por el control de los electrones. Esta competencia, según han descubierto los científicos, es la principal barrera en el camino hacia la superconductividad a temperaturas más altas.
El experimento lo llevó a cabo un equipo internacional: teóricos del Centro de Física Cuántica Computacional del Instituto Flatiron (Nueva York, EE. UU.) bajo la dirección de Olivier Gingras y experimentalistas del Instituto Nacional de Investigación Científica (INRS, Quebec, Canadá). El trabajo estuvo encabezado por el estudiante de doctorado Dario Armanno y el profesor Fabio Boschini. Utilizaron el método de espectroscopía de fotoemisión resuelta en ángulo (ARPES) con pulsos láser para «fundir» la fase superconductora y seguir cómo el material pasa al estado de pseudogap.
Los resultados, publicados el 20 de octubre de 2026 en la revista Nature Physics, mostraron que las dos fases no coexisten ni se ayudan mutuamente. Compiten activamente. En condiciones de equilibrio, en el material solo puede existir una de ellas.
En el estado superconductor, los electrones, que normalmente se repelen, forman pares y se desplazan sin resistencia, como un trineo sobre un hielo perfectamente liso. En el pseudogap, la corriente fluye libremente solo en algunas direcciones y en otras no. La transición entre estos estados se convirtió en la clave para comprender el mecanismo.
Los cálculos teóricos de Gingras y sus colegas confirmaron el modelo de «estados competidores». Ninguna de las hipótesis alternativas —la del simbiosis o la de que el pseudogap sirve como «etapa previa» de la superconductividad— explicó los datos del experimento.
Si se lograra suprimir la formación del pseudogap manteniendo al mismo tiempo la superconductividad, la temperatura crítica de los cupratos podría aumentar. Actualmente, incluso los mejores de ellos funcionan solo por debajo de 151 kelvin, aproximadamente 122 grados Celsius bajo cero.
El descubrimiento ofrece una estrategia clara: en lugar de intentar reforzar el pseudogap, hay que aprender a bloquearlo. Esto abre el camino hacia materiales prácticos capaces de funcionar a temperaturas más cercanas a la ambiente.
El trabajo demuestra que la competencia cuántica de fases no es un simple efecto curioso, sino una limitación real que puede superarse si se orientan correctamente los esfuerzos.

