Una bola de fuego sobre Ohio: lo que vieron cientos de personas en el cielo nocturno

Autor: Uliana S

La tarde del 26 de septiembre de 2026, los habitantes del suroeste de Ohio alzaron la vista y se quedaron inmóviles. Una bola de fuego de un naranja brillante cruzaba velozmente el cielo oscuro, dejando tras de sí una estela luminosa. Los mensajes empezaron a llegar uno tras otro: desde la zona de Cincinnati, desde Miamisburg y sus alrededores. El objeto se desplazaba siguiendo una trayectoria pronunciada, parecía más grande que los meteoros habituales que la gente está acostumbrada a ver y, en cierto momento, según los testigos, comenzó a desintegrarse en fragmentos.

Casi al mismo tiempo se oyeron varios estruendos fuertes: tres «bum» bien definidos que muchos escucharon. Algunos pensaron que había caído un árbol; otros, que se había producido una explosión en algún lugar cercano. En las redes sociales aparecieron rápidamente vídeos: el objeto ardía, se movía rápido y bajo, y en algunas imágenes parpadeaba una luz menor delante de él o a su lado. Uno de los clips, grabado aquella noche, mostraba un descenso especialmente pronunciado, distinto de las habituales «estrellas fugaces».

Por la mañana del 27 de septiembre, la Sociedad Meteorítica Estadounidense ya había recibido cientos de informes. Según algunos recuentos, el número de testigos superó los cuatrocientos cincuenta, y las observaciones abarcaban varios estados a la vez. En las imágenes de las cámaras de la NASA sobre la zona de Columbus también se registró un evento brillante. La gente describía una luz verde o naranja que iluminó por un instante los alrededores y que, tras desvanecerse, dejaba una fina línea luminosa durante unos segundos.

De inmediato surgieron distintas versiones. Unos hablaban de un meteoro o de un fragmento de basura espacial que había entrado en la atmósfera. Otros repararon en que en la zona de Cincinnati podrían estar realizándose en ese momento saltos nocturnos de paracaidistas con pirotecnia; ese tipo de espectáculos se organiza a veces cerca de la universidad. En algunos vídeos, en efecto, se reconocieron figuras de paracaidistas con luces. Sin embargo, otras grabaciones mostraban un objeto con una trayectoria más pronunciada y un carácter de luminiscencia distinto, que no coincidía con un típico espectáculo pirotécnico. Un meteorólogo local planteó la hipótesis de los paracaidistas, pero en ese momento no aparecieron datos de radar que confirmaran la entrada de un objeto grande en la atmósfera.

Uno de los vídeos llamó especialmente la atención: delante de la bola de fuego principal aparecía de vez en cuando una pequeña luz. Alguien sugirió que podría tratarse de otro objeto que acompañaba al principal o que incluso interactuaba con él. Por ahora no hay explicación oficial. Qué fue exactamente lo que surcó el cielo de Ohio —un meteoro común de alrededor de un metro, un trozo de una etapa de cohete ya utilizada o algo menos habitual— sigue siendo una pregunta abierta.

Este tipo de sucesos siempre dejan tras de sí más preguntas que respuestas. El cielo sobre Ohio aquella noche recordó hasta qué punto puede ser fina la frontera entre lo habitual y lo inexplicable. Cientos de personas vieron a la vez lo mismo, lo grabaron con sus teléfonos, oyeron los mismos retumbes y ahora esperan que el análisis de las cámaras, los radares y los testimonios de los testigos permita componer un cuadro más completo. Por ahora solo queda mirar las grabaciones y preguntarse qué fue exactamente lo que trazó un arco de fuego sobre el estado aquella noche de septiembre.

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