En Florida ocurre una historia que suena como el comienzo de un contrato laboral muy extraño.
Un pescador empezó a notar que varios delfines acuden regularmente a él por las noches y de hecho participan en la pesca.
Es decir, el hombre sale al mar solo.
Y allí ya lo espera un equipo:
— Buenas noches. Somos del departamento marino. ¿Dónde está el pescado?
Y lo más interesante es que no se trata de un episodio casual. Los delfines vuelven una y otra vez, trabajan junto al mismo hombre y, al parecer, entienden qué es exactamente lo que él hace.
Para los investigadores esto es especialmente curioso, porque una cooperación tan sostenida entre el ser humano y los delfines en Estados Unidos prácticamente no ha sido documentada.
Resulta casi una brigada completa:
el pescador se encarga de los aparejos,
los delfines, del reconocimiento,
el océano, de la materia prima.
Solo queda hacerles camisetas corporativas.
Probablemente, lo más divertido de esta historia es que los delfines, al parecer, no esperan invitación alguna.
Imagínense:
el hombre por la noche piensa:
— Hoy pescaré tranquilo solo.
Sale al mar.
Y allí:
— Bueno, por fin. Llevamos diez minutos esperándote.
Y en algún momento queda claro: esto ya no es un pescador con delfines.
Es un pequeño negocio familiar. 😄
Y si esto sigue así, pronto uno de los delfines se encargará de la logística, el segundo de buscar los bancos de peces, y el tercero dirá:
— Perdón, hoy trabajo desde casa.


