Mientras que en Estados Unidos y Europa las stablecoins todavía se perciben como un experimento para entusiastas de la tecnología, en América Latina ya se han convertido en una herramienta común para los negocios y las transferencias. Según datos de mediados de 2026, el 71 por ciento de las instituciones locales las utilizan precisamente para pagos transfronterizos, el porcentaje más alto a nivel mundial.
Las razones de este liderazgo son evidentes y, a la vez, más profundas. La alta inflación, las monedas nacionales débiles y las costosas transferencias bancarias obligan a empresas y personas a buscar alternativas. En Brasil, más del 90 por ciento de los flujos de criptomonedas ya corresponden a stablecoins, mientras que en Argentina superan el 60 por ciento. El volumen de transacciones con stablecoins en la región alcanzó los 324 mil millones de dólares en 2025, lo que representa un crecimiento del 89 por ciento.
Los reguladores tampoco se quedan atrás. Brasil fue uno de los primeros en introducir una ley sobre activos virtuales, Bolivia levantó una prohibición de diez años sobre las criptomonedas, y Argentina obligó a las bolsas a registrarse. Estos pasos crean un marco legal en el que los bancos tradicionales y las empresas fintech comienzan a integrar activamente las stablecoins en sus sistemas.
El efecto más notable es la reducción de las comisiones. En el corredor Estados Unidos-México, las transferencias mediante stablecoins ya cuestan menos del uno por ciento, mientras que los servicios tradicionales cobran entre un 5 y un 7 por ciento. Si los 142 mil millones de dólares enviados desde Estados Unidos a América Latina en 2025 hubieran utilizado esta infraestructura, los consumidores habrían ahorrado entre 6,1 y 8,9 mil millones de dólares.
Hoteles, restaurantes y empresas turísticas aceptan cada vez más stablecoins directamente de sus huéspedes internacionales. El dinero llega instantáneamente, sin pérdidas por conversión y sin intermediarios. Para las pequeñas empresas, esto no es solo una comodidad, sino un ahorro real que antes se destinaba a bancos y sistemas de pago.
Detrás de estas cifras hay un cambio más profundo: las stablecoins permiten eludir los canales financieros obsoletos y redistribuyen el control del dinero de los grandes actores a los usuarios finales y las pequeñas empresas. Los volúmenes B2B con stablecoins han crecido 30 veces en dos años, y América Latina se encuentra entre las primeras regiones donde esta herramienta se ha masificado.
Cuanto más transparentes se vuelvan las regulaciones y más se extienda la práctica, mayor será la influencia de las stablecoins en las finanzas diarias de los residentes de la región, desde salarios hasta ahorros y pagos internacionales.




