A finales de agosto de 2026, el gobierno irlandés publicó una hoja de ruta para nuevas cuentas de inversión que comenzarán a funcionar en 2027. Las criptomonedas no se incluyeron en ellas: se clasificaron como "productos de alto riesgo y complejos" junto con los derivados. En cambio, las acciones, los bonos y los ETF recibieron luz verde y ventajas fiscales.
Las nuevas cuentas prometen un umbral libre de impuestos, una tasa fija baja por encima de él y la eliminación de la regla de enajenación presunta, según la cual cada ocho años las ganancias no realizadas se gravaban al 38 %. Los proveedores calcularán y pagarán el impuesto a Revenue. El objetivo es sacar de los depósitos bancarios €170–197 mil millones que actualmente están casi sin movimiento. En Irlanda, la proporción de inversiones directas en acciones y bonos entre los hogares es solo del 2,3 % frente al 7,5 % en promedio en la UE.
La decisión se basa en la recomendación de la Comisión Europea de septiembre de 2025: excluir de los productos de ahorro minorista lo que se considera demasiado arriesgado para el inversor masivo. El ministro de Finanzas, Simon Harris, calificó directamente los criptoactivos y los derivados de "alto riesgo y complejos". Así, Irlanda sigue la línea europea de protección de los ahorradores minoristas, en lugar de intentar integrar los activos digitales en el sistema financiero principal.
Detrás de esto no solo está la preocupación por los ciudadanos. El Estado está interesado en que los ahorros fluyan hacia mercados regulados, donde es más fácil controlar los flujos, recaudar impuestos y mantener la estabilidad del sistema bancario. La criptomoneda queda fuera: no ofrece al Estado las mismas palancas y conlleva una volatilidad que las autoridades no quieren trasladar al ahorrador masivo. Al final, el irlandés común obtendrá una herramienta conveniente para activos tradicionales, y los inversores en criptomonedas tendrán que seguir trabajando bajo las reglas antiguas con un impuesto sobre las ganancias de capital del 33 %.
Imagina un jardín donde solo se permiten semillas probadas del catálogo, y las plantas silvestres pero potencialmente productivas se dejan fuera de la cerca. El dueño del jardín explica: "Queremos que todos tengan una cosecha estable, no una lotería". Irlanda está construyendo precisamente ese "jardín" para los ahorros de sus ciudadanos: seguro, predecible, pero con una selección limitada.
Para quienes ya poseen criptomonedas, nada cambia: pueden seguir comprando y almacenando a través de proveedores autorizados, pero no habrá ventajas fiscales de las nuevas cuentas. Para los demás, es una señal de que el Estado está dispuesto a simplificar la inversión, pero solo en las direcciones que considera suficientemente confiables.
