La semana pasada, el bitcóin se revalorizó casi un siete por ciento, registrando su mejor desempeño mensual desde marzo. El mercado no reaccionó ante noticias de gran impacto, sino a un descenso discreto en las expectativas de inflación reflejado en el punto de equilibrio (breakeven) de los bonos del Tesoro a dos años, que cayeron por debajo del dos por ciento por primera vez en 2024.
Cuando el mercado descuenta una inflación inferior al objetivo fijado por la Fed, las apuestas por una subida de tipos pierden fuerza. El dólar pierde parte de su atractivo, mientras que los activos más sensibles al coste del dinero ganan margen de crecimiento. El bitcóin, cuya trayectoria suele moverse de forma inversa al índice del dólar, sintió de inmediato este alivio.
Al mismo tiempo, el precio del petróleo está bajando hasta niveles previos al conflicto de Irán en febrero. Esto refuerza la idea de que la presión inflacionista de los últimos años podría disiparse antes de lo previsto. Sin embargo, no todos los analistas comparten este optimismo: algunos expertos señalan que la inflación en el sector servicios sigue siendo persistente, no depende de los precios del combustible y podría obligar a la Fed a mantener los tipos elevados durante más tiempo.
Para el inversor medio, el panorama es el siguiente: si el dólar deja de actuar como «refugio seguro», parte del capital fluye de forma natural hacia activos alternativos. En este sentido, el bitcóin no funciona tanto como una herramienta especulativa, sino como un indicador de la falta de confianza en los anclajes monetarios tradicionales. No obstante, las posiciones largas están ya muy saturadas y cualquier dato decepcionante del IPC el 14 de julio podría provocar una corrección brusca.
Resulta interesante que este descenso en las expectativas de inflación se produzca en un contexto de cambios estructurales: las empresas y los hogares continúan adaptándose a un dinero más caro, mientras los bancos centrales mantienen la cautela. En estas condiciones, la criptomoneda se convierte en una especie de «fusible» para la cartera; no es una panacea, sino un elemento que reacciona a los cambios en el equilibrio de poder global con mayor rapidez que los activos tradicionales.
El próximo informe sobre los precios al consumo determinará hasta qué punto están justificadas las actuales expectativas de flexibilización. Hasta entonces, el bitcóin opera en modo de espera: el mercado ya ha incorporado parte de este escenario favorable, pero la realidad podría resultar más compleja.

