❓ PREGUNTA:
Usted escribe que la faceta del Observador en nosotros es la que discierne (enfoque, atención, sensación), pero hay quienes afirman que nuestra capacidad discriminatoria desaparece tras la muerte a menos que hayamos trabajado específicamente en esa dirección. Esto supedita la propia facultad de distinguir a la mente física y, en el proceso de desarrollo humano, a su transferencia hacia un intelecto de un orden superior. Dicha idea coincide con sus palabras: "De lo contrario, se perdería la experiencia de una vida íntegra como una intención única, creada incluso antes de la encarnación". Por tanto, ¿podría ser que el Observador no discierna, sino que simplemente sea consciente?
❗️ RESPUESTA de lee:
No soy muy partidario de jugar con los términos, ya que esto conlleva el riesgo de alejarse de la claridad de la perspectiva para perderse en la fragmentación de los detalles.
Usted puede tener sus propias asociaciones semánticas con determinadas palabras, mientras que otra persona tendrá las suyas. A partir de ahí, uno podría pasar años precisando pormenores.
Por esta razón, basta con exponer las definiciones fundamentales en este contexto. Si usted las acepta, el asunto queda resuelto; de lo contrario, entraríamos en una cuestión distinta: de semántica, de lingüística o de índole filosófica.
La observación es la función de registrar un evento.
La toma de conciencia es la función de aplicarse significados a uno mismo.
Cualquier otra acepción que se le atribuya al Observador, más allá del mero registro (la observación), transforma esta función en algo distinto; se trataría ya de otro concepto, de un término diferente.




