En una conferencia de prensa en Buenos Aires, el presidente de IDEA, Santiago Mignone, formuló con claridad el objetivo principal del próximo coloquio número 62: «Aspiramos a que quienes vengan construyan sobre lo hecho, respeten los compromisos asumidos —el RIGI y la deuda— y no revisen lo que nos trajo hasta aquí».
Fabián Kon, responsable del coloquio, añadió: muchas de las transformaciones que hoy se implementan se debatieron durante años; ahora lo importante es consolidarlas a largo plazo y lograr que la sociedad las perciba como un valor básico.
El coloquio se celebrará en Mar del Plata del 30 de septiembre al 2 de octubre de 2026 bajo el lema «Invirtiendo la historia: de la promesa al país potencia». El programa abarca geopolítica, educación, mercado laboral, competitividad y, lo que resulta especialmente revelador, una sesión sobre justicia con la participación del fiscal Diego Luciani, que acusó a Cristina Kirchner en la causa Vialidad.
En la agenda figuran el análisis de los modelos de Israel, Australia y Uruguay, las intervenciones de Margaret Myers sobre el orden mundial y de Nicolás Aguzin sobre los mercados globales de capitales, así como el cierre de la primera jornada a cargo del expresidente de Uruguay Luis Lacalle Pou. Funcionarios gubernamentales y políticos afines al rumbo oficial, incluida Patricia Bullrich, también están anunciados como oradores.
Detrás de las palabras sobre «estabilidad» y «veinte años de crecimiento» hay un cálculo concreto: la élite empresarial, que durante décadas observó ciclos de populismo y nacionalización, ahora ve la oportunidad de institucionalizar los cambios mientras la ventana política sigue abierta. No se limitan a apoyar la política actual: quieren volverla irreversible.
Entre los temas en debate figuran la inversión, la integración internacional, la demografía, la inteligencia artificial y los recursos estratégicos. Se presta especial atención a que «la sociedad compre la concepción» como valor fundamental y no como medida transitoria.
La presencia de representantes de la CGT en el coloquio y el debate sobre el futuro del trabajo demuestran que los empresarios están dispuestos a dialogar, pero en sus propios términos: sin volver a las viejas disputas sobre modelos.
Esta estrategia de «bunker» de las reformas pone al desnudo el miedo profundo del empresariado argentino: no tanto a los fracasos económicos como a que el próximo ciclo político lo borre todo de nuevo. Intentan convertir el momento actual en una nueva norma que ya no pueda derogarse con facilidad.
En definitiva, el coloquio de Mar del Plata se convierte no solo en un foro de ideas, sino en un intento del mundo empresarial por fijar las reglas del juego para las próximas décadas, mientras la ventana de oportunidades siga abierta.
