El número de personas que sufren desnutrición en el mundo se ha reducido por tercer año consecutivo. Según un nuevo informe de la ONU publicado esta semana, esta tendencia alentadora demuestra que "el progreso es posible", sin embargo, los expertos de la organización advierten: los resultados alcanzados siguen siendo extremadamente frágiles ante los nuevos desafíos climáticos y geopolíticos.
Regreso a los niveles prepandemia
Según las estimaciones de los autores del informe, en 2025 la proporción de la población mundial hambrienta será del 7,8%. Esto indica una disminución sistemática, aunque cautelosa, del indicador: en 2024 se situaba en el 8,1% y en 2022 alcanzó el 8,6%.
Cabe recordar que anteriormente los representantes de la ONU constataron que la pandemia de coronavirus y las conmociones económicas asociadas habían retrocedido los indicadores mundiales de seguridad alimentaria 15 años. Los datos actuales confirman que la humanidad ha comenzado a "recuperar" lentamente las posiciones perdidas. Sin embargo, el proceso de recuperación resulta prolongado y geográficamente desigual.
Geografía de contrastes
Las estadísticas regionales demuestran una clara brecha en la dinámica. Se han registrado mejoras significativas en la lucha contra el hambre en los países de Asia, América Latina y el Caribe, donde las medidas de apoyo estatal y la adaptación de las cadenas de suministro han dado un resultado tangible.
Al mismo tiempo, el continente africano solo muestra una estabilización de los indicadores sin una dinámica clara de descenso. Según datos de la ONU, es precisamente en África donde todavía reside la mayoría absoluta de las personas hambrientas en la Tierra, lo que requiere una intervención sin precedentes de donantes internacionales y gobiernos locales.
Amenaza de inflación alimentaria
Los autores del informe ponen de relieve que la tendencia positiva actual puede convertirse fácilmente en una regresión. Los principales factores de riesgo mencionados son los fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes que alteran los ciclos agrícolas, así como el conflicto en curso en Oriente Medio. La combinación de estos factores crea la amenaza de un nuevo ciclo de inflación alimentaria, que afectará principalmente a los sectores más vulnerables de la población de los países en desarrollo.
Respuesta sistémica a las crisis globales
El Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Qu Dongyu, hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que no disminuya el ritmo de trabajo.
"El informe muestra que el progreso es posible, pero debemos movernos más rápido", afirmó.
Según el jefe de la organización, para erradicar completamente el hambre y garantizar el acceso universal a una nutrición saludable, se requieren no acciones puntuales, sino un compromiso político sistémico, inversiones constantes y una política agraria bien definida.
"Las recientes crisis globales han demostrado tanto la resiliencia de los sistemas agroalimentarios como la necesidad crítica de fortalecerlos aún más para servir mejor a los grupos más vulnerables de la población mundial", resumió Qu Dongyu.


