Imaginen un concierto al que se puede llegar nadando. Entrar en un mundo submarino digital, adoptar la forma de un pez y encontrarse dentro de una música tejida con una composición electrónica, la voz humana y los sonidos reales de la vida marina.
Ese es precisamente el encuentro que proponen la compositora e intérprete An-Ting Chang y el artista Ian Gallagher. Su proyecto Underwater combina grabaciones submarinas, sonido espacial, poesía china y paisajes digitales en movimiento.
29 y 30 de octubre de 2026 los creadores invitan a los participantes a una prueba gratuita de la versión en línea. La inmersión musical podrá experimentarse desde casa, a través del navegador o de una aplicación para Windows. Esta es una nueva etapa del proyecto, cuya premiere escénica tuvo lugar en mayo de 2026 en el Norfolk and Norwich Festival.
Escuchar la vida bajo la superficie
Para el ser humano, la superficie del mar suele ser la frontera de lo audible. Distinguimos el rompiente, el viento, los gritos de las aves. Bajo el agua continúa otra vida sonora.
Para acercarse a ella, los autores de Underwater crearon su propio sistema de grabación con cuatro hidrófonos, micrófonos submarinos. Esta construcción permite trabajar con el sonido espacial, conservando la información sobre las direcciones de las que llega el sonido.
En el sitio web del proyecto se enumeran los lugares de grabación: Bali, la isla de Lanyu, Norfolk y Maui. Los materiales recogidos pasan a formar parte de la obra musical: An-Ting los combina con electrónica y versos poéticos.
Aquí surge una atención especial a la escucha. Tras la palabra habitual «océano» empiezan a distinguirse numerosas voces, movimientos y presencias. El agua resulta ser un espacio de comunicación, cuya mayor parte transcurre normalmente fuera de nuestra percepción.
Un concierto en el que se puede entrar
En la versión escénica, las proyecciones y un sistema acústico espacial rodean al público. La música adquiere volumen y los paisajes digitales se despliegan alrededor de la audiencia.
La versión en línea traslada esta idea a un entorno interactivo: los participantes entran en un mundo tridimensional en forma de avatares y tienen la posibilidad de interactuar con los intérpretes y con otros oyentes. Para las sesiones de prueba 29–30 de octubre los autores proponen una imagen especialmente adecuada para este mundo: convertirse en pez. Los encuentros están programados para el 18:30–19:30, hora británica.
Esta invitación tiene su propia ligereza. Para acercarse a lo insólito, a veces conviene empezar por el juego: cambiar de punto de vista, permitirse la curiosidad, entrar allí adonde antes solo se miraba de lejos.
Sonidos reales y profundidades imaginarias
Underwater tiene Underwater dos fuentes distintas de expresividad. Las grabaciones submarinas vinculan la obra con el entorno marino real. La parte visual crea un espacio artístico valiéndose, entre otras cosas, de la IA generativa y de nubes de puntos tridimensionales.
Por eso lo que se ve en el proyecto debe percibirse como una interpretación digital del mundo submarino. No sustituye a las imágenes documentales ni sirve como reconstrucción científica del ecosistema. Su tarea es dar a la música un espacio en el que el oyente pueda vivir su propio encuentro con el océano.
Aquí el sonido se convierte en el origen de la imaginación. Lo escuchado recibe color, movimiento, profundidad, e invita a prestar una atención más cuidadosa al mundo vivo del que proviene.
Entrar en el jardín para conocer la primavera
En la obra suenan versos de «El pabellón de las peonías», del dramaturgo chino Tang Xianzu. Su sentido puede expresarse así: ¿cómo conocer la belleza de la primavera si no se entra en el jardín? Los autores incorporaron esta imagen poética a la trama del viaje submarino.
Para el encuentro con la música, es una invitación asombrosamente precisa.
Se puede saber mucho sobre el sonido y, aun así, un día escuchar de otro modo un mundo conocido. Notar cómo cambia la atención cuando el sonido nos rodea por todas partes. Cómo, entre timbres desconocidos, nace el reconocimiento. Cómo la propia respiración se vuelve parte del instante que se vive.
¿Qué añade esto al sonido del planeta?
Underwater abre otra forma de encuentro entre las formas de vida: a través de la atención, la creatividad y la capacidad de escuchar.
La persona aporta a ella composición, poesía e imaginación. El entorno marino, sus propios dibujos sonoros. El oyente, su propia sensibilidad, gracias a la cual este encuentro se vive cada vez de un modo nuevo.
Para GAYA ONE esa consonancia resulta especialmente cercana: el espacio se vuelve más rico cuando en él hay lugar para distintas voces y para la experiencia irrepetible de cada uno.
La sinfonía planetaria ya suena. Y cada vez que oímos en ella más vida, surgen nuevas posibilidades de crear juntos.



