A finales de diciembre de 2025, la pareja anunció su separación tras nueve años de relación, pero, como se supo después, en realidad se habían separado un año antes: en silencio, sin filtraciones y sin aclaraciones públicas.
El comunicado conjunto para People sonaba casi protocolar: «Nos entristece cerrar este capítulo, pero somos bendecidos con un hijo maravilloso y seguiremos siendo para él los mejores padres posibles». Lars tenía entonces ocho años, y fue precisamente él quien quedó como el único vínculo público entre ambos.
Durante nueve años, Gibson y Ross casi no dieron entrevistas sobre su vida privada. Se conocieron a través de amigos en común en 2014, en 2017 nació su hijo, literalmente días antes de la nominación de Gibson al «Óscar» por «Hasta el último hombre». Los incendios de Malibú en enero de 2025 destruyeron su casa, pero incluso entonces la pareja habló únicamente de la seguridad de la familia.
A diferencia de los divorcios anteriores de Gibson, aquí no hubo ni demandas judiciales, ni acusaciones mutuas, ni filtraciones a la prensa sensacionalista. Ross, guionista y exjinete, 34 años menor que el actor, prefirió mantenerse en la sombra, y al parecer eso les convenía a ambos.
Para Gibson, cuya vida privada fue durante décadas objeto de la prensa amarillista, un final así parece casi antinatural: ni escándalo, ni intentos de reescribir la historia, ni intentos de salvar las apariencias a costa del otro. Simplemente dos adultos que tienen un hijo en común y una decisión compartida: no convertirlo en un campo de batalla.
En un mundo donde las rupturas suelen convertirse en contenido, su historia parece casi un anacronismo. Y precisamente por eso se recuerda más tiempo que otro drama cualquiera.
