Netflix ha estrenado una miniserie que se ha convertido instantáneamente en el centro de todas las conversaciones: es cándida, irónica, a ratos incómoda y, sobre todo, diabólicamente cautivadora. Se trata de una historia sobre la crisis de la mediana edad en un entorno académico, narrada con una honestidad tan brutal que, por momentos, uno siente el impulso de apartar la mirada, mientras que en otros solo puede aplaudir.
La serie destaca por su honestidad sin filtros, lo que le ha valido una sólida calificación de 7/10.
En pocas palabras, la trama sigue a una profesora de inglés de 50 años, conocida simplemente como M, cuya vida parece perfectamente estructurada: cuenta con un marido que también es colega de profesión, una carrera universitaria consolidada y sus libros. Sin embargo, su mundo se tambalea con la llegada al departamento de un misterioso y joven profesor llamado Vladimir. Lo que comienza como un enamoramiento pasajero se transforma rápidamente en una obsesión, empujando a la protagonista hacia una trayectoria cada vez más compleja y peligrosa.
¿Por qué funciona esta producción? En primer lugar, Rachel Weisz está simplemente magnífica. La actriz, reconocida por sus trabajos en La Momia, El jardinero fiel, La favorita, Viuda negra y An Unsuitable Job for a Woman, ofrece aquí una de sus interpretaciones más brillantes. Su personaje resulta ser, al mismo tiempo, patético, inteligente, sexy y peligroso, lo que hace imposible dejar de mirarla.
Por otro lado, Leo Woodall, en el papel de Vladimir, brilla con luz propia. Este joven actor británico, a quien recordamos por la serie Siempre el mismo día, la segunda temporada de The White Lotus y Bridget Jones: Mad About the Boy, encarna a la perfección a un personaje encantador, escurridizo y totalmente fascinante. Asimismo, John Slattery, estrella de Mad Men y conocido por sus roles en Iron Man 2, Spider-Man y Benefactor, interpreta al marido con una sabiduría cansada que lo convierte en un personaje tan memorable como la propia protagonista.
No podemos olvidar a Jessica Henwick, actriz de Juego de tronos, Iron Fist y Matrix Resurrections, quien aporta un matiz afilado y necesario a su papel como la colega Cynthia. El tono de la serie recuerda a una versión de Fleabag para mayores de cincuenta años, combinando humor negro, fantasías francas, una dolorosa autocrítica y la ruptura constante de la cuarta pared. La protagonista comparte sus pensamientos más incómodos con el espectador, generando una sensación de intimidad única. La serie aborda la sexualidad de manera explícita pero madura, explorando deseos que habitualmente permanecen ocultos.
Como puntos negativos, cabe señalar que la trama resulta ocasionalmente ingenua, con giros predecibles y motivaciones de personajes que no siempre siguen una lógica estricta. No obstante, este es uno de esos casos donde la ejecución y el nivel de las actuaciones superan con creces las carencias del guion. Una vez que comienzas a verla, es imposible detenerse.
En conclusión, se trata de una excelente miniserie de ocho episodios ideal para disfrutar en un par de noches. Rachel Weisz entrega la mejor actuación de su carrera, y su sola presencia hace que Vladimir merezca la pena. Con diálogos ingeniosos y una atmósfera envolvente, la obra nos recuerda que, a los 50 años, una mujer no está llegando al ocaso, sino comenzando un capítulo nuevo, vibrante y fascinante. Calificación de Gaya: 7.0/10.



