Esta comedia británica demuestra que el humor puede ser al mismo tiempo inteligente, elegante y desternillantemente divertido. Con mansiones lujosas, modales aristocráticos y un sarcasmo tan sutil que provoca el deseo de citarlo.
Sinopsis en pocas palabras. Eric Noon, un estafador de poca monta, consigue un empleo como lacayo en la adinerada mansión inglesa de los Davenport y, como era de esperar, se enamora de Rose, la hija de los dueños. Todo transcurre a la perfección hasta que ocurre un asesinato en la casa, y nuestro protagonista se convierte en el principal sospechoso. Ahora deberá desenmascarar al verdadero culpable y superar a un rival en la contienda por el corazón de la joven. Una trama clásica de misterio británico, ¡pero con una ejecución impresionante!

Por qué es una obra maestra.

— Damian Lewis. Absolutamente insuperable. Cada una de sus réplicas es como una pequeña obra de teatro en sí misma. Actúa con tal facilidad e ironía que dan ganas de aplaudir después de cada escena.

Si por casualidad han olvidado la capacidad de este actor para dominar la pantalla, solo tienen que recordar «Billions». Para millones de espectadores, él será siempre Bobby Axelrod, el lobo de Wall Street despiadado, calculador y carismático. En «Billions», Lewis interpretaba a un hombre que, con una sola mirada y un discurso tranquilo pero seguro, podía derrumbar el imperio de un rival. Irradiaba poder absoluto, inteligencia y una agresión contenida.
Y es este mismo actor quien, en «Fackham Hall», ofrece una clase magistral de un refinado timing cómico británico.
Es sencillamente una sorpresa actoral. Lewis retoma ese mismo magnetismo característico y esa inquebrantable autoconfianza, pero los canaliza no hacia las maquinaciones financieras, sino hacia el sarcasmo aristocrático. Pronuncia sus chistes absurdos e intelectuales con la misma seriedad absoluta, con la “cara de póker” con la que Axelrod cerraba operaciones multimillonarias. Y es precisamente este contraste lo que hace que su actuación en comedia sea tan impactante.
Interpretar a un genio multimillonario sociópata es una cosa. Pero conseguir que el público se retuerza de risa con solo levantar una ceja elegantemente en una lujosa mansión inglesa, eso es el nivel de un verdadero maestro. Lewis demuestra que domina absolutamente cualquier género, y observar su transformación del implacable Axe a un excéntrico aristócrata británico es un placer singular e incomparable.
¡Solo por su actuación, esta película ya merece la pena ser vista!
— Una atmósfera de lujo. La mansión, el vestuario, la etiqueta, las recepciones: todo está filmado con un cuidado exquisito por los detalles. Y sobre este telón de fondo de elegancia, se desarrollan tales perlas de la comedia que el contraste funciona a la perfección.
— Humor "sin pretensiones". Los chistes no se fuerzan ni buscan la risa a toda costa; surgen de forma natural en las conversaciones, y precisamente por eso dan justo en el blanco.
Esa escena de la boda. No es un spoiler, es la cúspide del humor intelectual de la película. La escena está construida de manera tan inteligente, sutil y divertida que dan ganas de verla una y otra vez. Reúne todo lo que se adora del humor británico: el absurdo de las situaciones, el impecable timing cómico de los actores y unos diálogos que invitan a ser citados.
— Rose, ¿cómo dormiste?
— Acostada en la cama y con los ojos cerrados.
Y diálogos como estos hay docenas en la película. Todos se pronuncian con esa imperturbabilidad tan británica que hace el humor aún más gracioso. Además, no se trata de una "payasada", sino de una comedia intelectual donde no basta con escuchar, sino que hay que prestar verdadera atención.
🎬Veredicto. En apenas media hora, cualquier espectador estará riendo, o al menos soltando alguna carcajada. Es uno de esos raros casos en que una película entretiene y asombra por su nivel de maestría. Damian Lewis está aquí en su mejor momento, y todo el equipo de actores (Ben Radcliffe, Thomasin McKenzie, Tom Felton) acierta perfectamente con el tono.
Calificación de Gaya: 7.8/10 🥂




