El nacimiento del universo interior: qué neuronas permanecen con nosotros después del nacimiento

Autor: Elena HealthEnergy

El nacimiento del universo interior: qué neuronas permanecen con nosotros después del nacimiento-1

Incluso antes de venir al mundo, el cerebro pasa por una estricta selección de calidad de su propio genoma. Así se desprende del trabajo de Diane D. Shao y sus colegas, publicado el 28 de octubre de 2026 en la revista Nature. Antes del nacimiento, entre las neuronas de la corteza del cerebro humano se encuentran notablemente más a menudo células con grandes reordenamientos del genoma que después de que el niño venga al mundo. Los autores suponen que, en el período en torno al nacimiento, tales células se eliminan en su mayoría. Posiblemente, este proceso funciona como una especie de control genético de calidad del cerebro en desarrollo.

Para observar esta imagen, los investigadores secuenciaron los genomas de 2 357 células nerviosas individuales de muestras post mortem de cerebro humano: desde el período intrauterino hasta la vida adulta. El material prenatal se obtuvo de fetos de 14–25 semanas. El trabajo con células individuales permite ver las particularidades de cada neurona. En cambio, si se analiza el tejido en su conjunto, las diferencias entre células individuales se diluyen en una imagen promediada.

En las muestras prenatales de corteza se hallaron amplios reordenamientos de copia, es decir, segmentos de ADN perdidos o duplicados a la vez en varios cromosomas, en promedio en el 25,9 % de las neuronas. Esto es aproximadamente una de cada cuatro células. En muestras individuales la proporción llegaba al 46 %. Después del nacimiento la imagen cambia: el metaanálisis de dos métodos de secuenciación mostró una reducción de aproximadamente 4,5 veces. La simple división de los valores medios (25,9 entre 6,2 % en promedio después del nacimiento) da alrededor de 4,2, por lo que la cifra 4,5 se refiere precisamente a la estadística combinada de los dos enfoques.

Detrás del término «variaciones de copia» hay una idea sencilla. Un segmento de ADN en la célula resulta sobrante o desaparecido. Según el lugar, puede afectar a decenas de genes, por lo que importan tanto el tamaño del cambio como cuáles instrucciones exactamente ha alterado. Tales variaciones se asocian con el riesgo de autismo, esquizofrenia, epilepsia y trastornos intelectuales.

Los autores prestaron especial atención a los genes responsables de la formación de sinapsis, es decir, de los contactos a través de los cuales las neuronas transmiten señales entre sí. En las neuronas con amplios reordenamientos la actividad de estos genes está alterada, y esto concuerda con su eliminación selectiva. Una pregunta lógica: ¿con qué éxito pueden tales células integrarse en las redes en desarrollo? La respuesta requerirá experimentos funcionales, que por ahora no figuran en el trabajo.

Por lo general, la maduración del cerebro se describe como crecimiento: más conexiones, procesamiento de señales más complejo, nuevas capacidades. Sin embargo, parte de este progreso puede apoyarse en un proceso inverso, en la reducción de la proporción de células con fallos genéticos pronunciados. La complejidad de las futuras redes quizá se construya también sobre una pérdida selectiva.

La idea misma de la muerte de parte de las neuronas no es nueva. Según las estimaciones, en la corteza humana durante el desarrollo mueren entre el 20 y el 50 % de las neuronas, y el pico se produce aproximadamente en torno al momento del nacimiento. La novedad del trabajo radica en que vincula este pico con el estado genético de las células. Los autores también señalan una disminución lenta pero continua de la proporción de células con reordenamientos a lo largo de toda la vida, hasta la edad adulta.

La palabra «selección» describe aquí un proceso supuesto, y el mecanismo exacto aún está por establecerse. Los científicos compararon muestras de distintas edades y no observaron el destino de unas mismas células en el cerebro vivo. Por ello, la conclusión sobre la eliminación preferente de neuronas aberrantes se basa en las diferencias entre grupos de edad, y la secuencia de los acontecimientos sigue siendo una cuestión abierta.

Dos enfoques independientes de secuenciación de células individuales dieron resultados concordantes. Uno de ellos abarcó 1 526 neuronas de 16 personas, y el segundo, más profundo, examinó 831 neuronas de 12 personas. Es importante distinguir el número de células y el número de personas donantes, y referir las proporciones precisamente a las muestras estudiadas. La conversión a cifras absolutas, por ejemplo a «miles de millones de neuronas descartadas», requiere datos y cálculos adicionales que no figuran en el trabajo.

Para la medicina, el valor del trabajo reside ante todo en comprender cómo el cerebro en desarrollo hace frente a los daños genéticos. Los investigadores ya comprueban si esta eliminación difiere en niños con autismo y otros trastornos del desarrollo, y si el mismo mecanismo participa en la muerte de neuronas en la enfermedad de Alzheimer. Por ahora son direcciones de investigación, no conclusiones. El beneficio práctico dependerá de si se logra comprender los mecanismos de selección y su relación con estados concretos.

El resultado del trabajo cambia la pregunta habitual. El desarrollo del cerebro incluye no solo el nacimiento de células, sino también la decisión de cuáles de ellas permanecerán. A la pregunta «¿cuántas neuronas aparecieron?» se añade otra: «¿cuáles de ellas sobreviven y cómo aprenden a trabajar juntas?»

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Fuentes

  • Perinatal elimination of genetically aberrant human cortical neurons

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