En la naturaleza, las bacterias han encontrado hace mucho tiempo una forma inusual de luchar contra los virus. Si la infección ya no puede detenerse, algunas de ellas inician un programa de autodestrucción: una enzima especial destruye el ADN de la propia célula infectada, impidiendo que el virus se multiplique y se propague por la población bacteriana. Ahora, los científicos intentan convertir este mecanismo evolutivo en un arma de alta precisión para el tratamiento de enfermedades oncológicas.
NEWS AND VIEWS “DNA-shredding CRISPR enzyme takes aim at cancer cells” Mehran Takallo, Raymond H. J. Staals. Nature 2026-07-14. doi.org/10.1038/d41586… #CRISPR-Cas12a2 … A bacterial self-destruct mechanism has been repurposed as a potential therapy, selectively eliminating
Se trata de la proteína Cas12a2, un representante inusual del sistema CRISPR, que funciona de manera muy diferente a las conocidas tijeras moleculares Cas9. En lugar de cortar cuidadosamente una región específica del ADN, Cas12a2 permanece inactiva hasta que detecta una molécula de ARN preprogramada. Después de eso, la enzima entra en un modo de destrucción total, escindiendo el ADN de la célula en todo el genoma y provocando su muerte.
En dos estudios publicados en la revista Nature en 2026, los científicos demostraron que Cas12a2 puede programarse para reconocer el ARN característico de las células tumorales con mutaciones en los genes TP53 o KRAS, uno de los objetivos más comunes y al mismo tiempo más complejos de la oncología moderna.
Las mutaciones en estos genes se encuentran en casi la mitad de todos los tumores malignos. Durante mucho tiempo se consideraron prácticamente «inaccesibles» para la terapia farmacológica, ya que las proteínas p53 y KRAS dañadas no tienen sitios adecuados a los que puedan unirse las moléculas de fármacos convencionales. El nuevo enfoque cambia por completo la estrategia. En lugar de intentar restaurar la función de la proteína mutante, Cas12a2 utiliza la propia célula tumoral como disparador: al detectar un ARN específico, la enzima inicia la destrucción irreversible de su genoma.
Los resultados de los primeros experimentos son prometedores. En un trabajo, Cas12a2, programado para reconocer KRAS mutante, inhibió el crecimiento de células tumorales en aproximadamente un 50 %, una eficacia comparable a la del cisplatino, pero sin dañar prácticamente las células sanas. En otro estudio, el sistema destruyó más del 90 % de las células infectadas por el virus del papiloma humano (VPH), preservando los tejidos sanos circundantes.
Estos resultados ya han atraído la atención de empresas biotecnológicas. La empresa alemana Akribion Therapeutics está desarrollando una terapia para tratar cánceres de cabeza y cuello asociados al VPH. Según el cofundador de la empresa, Paul Scholz, se espera obtener los primeros datos de ensayos clínicos para 2030.
Sin embargo, los investigadores subrayan que la tecnología se encuentra todavía en una fase temprana de desarrollo. Es necesario asegurar su seguridad, confirmar su eficacia en ensayos clínicos y resolver uno de los problemas más complejos de la terapia génica moderna: entregar Cas12a2 y el ARN guía exclusivamente a las células tumorales, sin afectar a los tejidos sanos. El sistema de entrega sigue siendo hoy uno de los principales obstáculos en el camino hacia la creación del fármaco.
La historia de Cas12a2 demuestra una vez más cuán ingeniosa puede ser la evolución. El mecanismo que durante millones de años ayudó a las bacterias a sacrificar células individuales para salvar a toda la colonia, puede convertirse en la base de una clase de fármacos completamente nueva para el tratamiento de enfermedades oncológicas. En lugar de corregir genes individuales, surge la posibilidad de destruir selectivamente células por su «firma» molecular, leyendo marcadores de ARN únicos de la enfermedad.
Probablemente pasarán varios años más antes de que estos métodos lleguen a la práctica clínica. Pero el camino que una vez comenzó con el estudio de los sistemas de defensa de las bacterias ya ha llevado a la creación de los primeros fármacos CRISPR, y ahora abre otra dirección: la destrucción programada de células patológicas. Si la tecnología confirma su seguridad y eficacia en humanos, puede ampliar significativamente las capacidades de la oncología moderna y dar una oportunidad a pacientes con tumores que hasta ahora se consideraban prácticamente intratables.



