A mediados de junio de 2026, el astrofísico de Harvard Avi Loeb se convirtió inesperadamente en la figura central de un debate científico y público de gran calado. La Casa Blanca, la Oficina de la Directora de Inteligencia Nacional (ODNI), el Pentágono a través de la AARO y el FBI le han encomendado la creación y dirección del Consejo Asesor Científico de UAP, un órgano consultivo especializado en fenómenos anómalos no identificados. El objetivo es tan sencillo de enunciar como complejo de ejecutar: asistir a las estructuras estatales en la comprensión de la naturaleza de los objetos observados sobre emplazamientos estratégicos de los Estados Unidos.
Loeb, célebre por su tenacidad en el estudio de objetos inusuales, lleva tiempo trabajando en la intersección entre la astronomía y la búsqueda de indicios de tecnología extraterrestre. Fue el impulsor de la expedición para recuperar los restos del IM1, el primer meteoro interestelar confirmado, que se precipitó al océano Pacífico en 2014. Dicho objeto destacó por su extraordinaria resistencia y por una trayectoria ajena a nuestro sistema solar, características que también se analizaron en el caso del IM2. Asimismo, Loeb comentó activamente el comportamiento del nuevo objeto interestelar 3I/ATLAS, detectado en 2025, señalando sus anomalías y reclamando un estudio minucioso al respecto.
Ahora, el centro de atención se ha desplazado hacia las proximidades de la Tierra a raíz de las recientes desclasificaciones de documentos sobre UAP. Un informe de la AARO describe un incidente ocurrido en octubre de 2023, donde las fuerzas del orden avistaron una esfera «nodriza» de color naranja de la que emergían objetos rojos de menor tamaño. Según estimaciones del organismo, cerca del 40 % de estos casos permanecen sin explicación. Estos denominados «orbes» constituyen uno de los tipos de avistamiento más recurrentes de los últimos años.
El consejo que Loeb está conformando integra a especialistas de diversos ámbitos: expertos en inteligencia artificial y análisis de datos, oceanografía, instrumentación, astrofísica, antropología y psicología. Se trata de un enfoque interdisciplinario integral. Loeb subraya que la prioridad absoluta es la seguridad nacional. Si estos objetos resultan ser drones avanzados de adversarios potenciales, representarían una vulnerabilidad crítica. Por el contrario, si se hallaran indicios de tecnología no humana, estaríamos ante el mayor descubrimiento científico de la historia.
El propio Loeb insta a «mantener los ojos en los orbes y no en la audiencia», evitando las distracciones de los sensacionalismos y las polémicas en redes sociales para centrarse en la recopilación y el análisis de datos de calidad. Ha reiterado en múltiples ocasiones que la mejor forma de resolver el misterio son las observaciones nuevas y fiables, no las especulaciones. Su trayectoria previa con objetos interestelares demuestra esta coherencia: pasar de la hipótesis a las expediciones y, finalmente, al análisis de laboratorio.
La creación de este consejo tiene lugar en el marco de una serie de desclasificaciones impulsadas por la administración Trump. Estos documentos han despertado un interés público masivo, acumulando miles de millones de visualizaciones. No obstante, Loeb y su equipo pretenden ir más allá de la conversación mediática mediante un trabajo científico sistemático.
Aún es prematuro hablar de resultados definitivos. Sin embargo, el hecho de que un científico con reputación de investigador independiente se incorpore a una estructura oficial sugiere que el tema de los UAP está transitando de la conspiración al rigor del análisis científico y estatal. La realidad, como apunta Loeb, suele ser más fascinante que cualquier guion. Y en este momento, dicha realidad exige una mirada atenta y desprovista de prejuicios.

