Bajo la superficie del mar funciona un enorme mundo invisible.
Miles de millones de organismos microscópicos se desplazan junto con el agua, transforman la luz solar en materia orgánica, liberan oxígeno y se convierten en alimento para los siguientes eslabones de la vida oceánica. No tienen oídos, pero eso no significa que el sonido que los rodea pase a su lado sin dejar huella.
Incluso el plancton existe dentro de un espacio físico común: entre corrientes, presión, luz, señales químicas y vibraciones del agua.
Un nuevo estudio ha demostrado que el zumbido de baja frecuencia de los parques eólicos marinos en funcionamiento puede alterar los procesos dentro de la comunidad planctónica natural. En solo 22 horas de exposición, el fitoplancton comenzó a crecer más rápido y el equilibrio de oxígeno del agua cambió.
El océano respondió al sonido humano allí donde los científicos casi no esperaban oír una respuesta.
Un experimento entre las aguas noruegas
La investigación fue realizada por un equipo internacional dirigido por Justine Courboulès y la bioacústica marina Ana Širović, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología — NTNU. En el trabajo también participaron especialistas de la Universidad de Montpellier, el CNRS, Ifremer, el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales y la Universidad de Hamburgo.
El proyecto fue financiado por el Consejo de Investigación de Noruega en el marco del programa PURE WIND, dedicado al impacto del sonido de la energía eólica marina en los ecosistemas.
Cómo reproducir el zumbido de un parque eólico en el mar
Los investigadores querían acercar el experimento al entorno oceánico real. Por eso no cultivaron una sola especie de laboratorio en condiciones estériles, sino que utilizaron una comunidad natural de una laguna costera, que incluía fitoplancton y el zooplancton que se alimenta de él.
Las muestras se colocaron en recipientes experimentales —microcosmos— situados directamente en el medio marino. Después, bajo el agua se reprodujeron grabaciones reales de un parque eólico marino en funcionamiento.
El experimento incluyó tres regímenes sonoros:
- un grupo de control, que solo oía el fondo natural de la laguna — alrededor de 80 dB respecto a 1 µPa;
- un nivel de ruido medio — alrededor de 94 dB;
- un nivel elevado — alrededor de 106 dB.
La exposición abarcaba frecuencias de 50 a 2400 hercios y se prolongó durante 22 horas.
Los decibelios submarinos no pueden compararse directamente con los valores habituales de ruido en el aire: en el agua se utiliza otra magnitud de referencia y el propio sonido se propaga de manera distinta. Por eso las cifras citadas caracterizan las diferencias entre las condiciones del experimento, pero no significan que el plancton se encontrara cerca de una fuente comparable en volumen a un electrodoméstico o a un concierto.
Los científicos midieron la velocidad de crecimiento del fitoplancton, la intensidad con que lo consumía el zooplancton y el cambio en la concentración de oxígeno.
Qué cambió en 22 horas
En los grupos expuestos a la reproducción del ruido de la central eólica, el fitoplancton creció de forma estadísticamente significativa más rápido que en las condiciones de control.
Al mismo tiempo, en el agua se observó un balance de oxígeno más positivo. Los autores consideran que esto podría indicar una intensificación de la producción primaria — el proceso mediante el cual las microalgas y las cianobacterias utilizan la luz para crear materia orgánica y liberan oxígeno.
Sin embargo, la velocidad con la que el zooplancton consumía el fitoplancton no difirió de manera sustancial entre los tres grupos.
Se obtiene así un cuadro poco habitual: la producción de biomasa vegetal cambió, mientras que su consumo, en el marco de un experimento breve, se mantuvo aproximadamente igual.
Pero no se puede considerar esto como un beneficio demostrado del ruido.
El crecimiento acelerado de un eslabón puede alterar la proporción previa de los procesos. Si la producción y el consumo de materia orgánica empiezan a divergir, con el tiempo esto puede influir en el régimen de oxígeno, el ciclo de los nutrientes, la transparencia del agua y la distribución de la energía en la red trófica.
Por ahora son solo consecuencias posibles. El trabajo mostró una reacción de corta duración, pero no siguió hasta dónde conducirá al cabo de semanas, meses o años.
Cómo puede responder el plancton al sonido
La palabra «oyó» aquí es una imagen.
El fitoplancton no percibe el sonido como un ser humano, una ballena o un pez. Pero el sonido es un movimiento físico: ondas de presión y oscilaciones de las partículas del agua. Pueden actuar sobre los organismos microscópicos directamente o modificar las condiciones a su alrededor.
Los mecanismos posibles son varios. Las oscilaciones pueden influir en la mezcla del agua, en el contacto de las células con los nutrientes, en su posición respecto a la luz, en su estado fisiológico y en la interacción entre los miembros de la comunidad.
Sin embargo, el nuevo estudio no determina qué mecanismo concreto provocó la aceleración del crecimiento. Constata el hecho mismo de la reacción de una comunidad natural a un determinado régimen sonoro de corta duración.
Para comprender la cadena causal harán falta experimentos adicionales: con especies aisladas y comunidades mixtas, con distinta duración de la exposición, frecuencias, niveles de señal y condiciones ambientales.
El fundamento de la vida oceánica
El fitoplancton pasa fácilmente desapercibido. Una sola célula puede ser invisible a simple vista, pero en conjunto estos organismos realizan una labor de escala planetaria.
Constituyen la base de numerosas redes tróficas marinas. De ellos se alimenta el zooplancton, que a su vez sirve de alimento a peces, aves y mamíferos marinos. El fitoplancton participa en la producción de una parte considerable del oxígeno de la biosfera y fija carbono, parte del cual se transporta con el tiempo a las capas profundas del océano.
Por eso un cambio en su crecimiento no es un acontecimiento pequeño, limitado a un recipiente experimental. Es una señal de un posible impacto sobre el inicio de una cadena de la que dependen formas de vida mucho mayores.
Antes, las investigaciones sobre el ruido submarino se centraban principalmente en ballenas, delfines, peces y otros animales que utilizan el sonido para comunicarse, orientarse y buscar alimento. El nuevo trabajo amplía la pregunta: ¿qué ocurre si el sonido industrial alcanza a organismos que no poseen un sistema auditivo convencional, pero que existen dentro del mismo medio físico?
La energía verde también tiene sonido
La energía eólica marina es necesaria para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Sin embargo, una fuente de energía más limpia desde el punto de vista ecológico no se vuelve del todo invisible para la naturaleza.
Las obras de construcción pueden ser especialmente ruidosas, por ejemplo, el hincado de pilotes al instalar las bases de las turbinas. Pero también las instalaciones ya en funcionamiento generan oscilaciones constantes de baja frecuencia: la rotación de las palas, el movimiento de los mecanismos y las vibraciones de la estructura se transmiten a través de los cimientos al agua y al fondo marino.
El estudio no demuestra que las centrales marinas destruyan las comunidades de plancton. Tampoco evalúa en su totalidad una central eólica concreta en funcionamiento. Los científicos reprodujeron sus grabaciones en un experimento controlado de microcosmos.
Pero el trabajo muestra que, al diseñar la energía marina, no basta con tener en cuenta solo a los animales visibles. El sonido submarino puede propagarse a través de distintos niveles del ecosistema, incluida su base microscópica.
Quizá en el futuro haya que evaluar las turbinas no solo por la cantidad de energía producida, sino también por la huella acústica que dejan en el mar.
¿De qué nos ha recordado hoy el océano?
De que en un sistema vivo no hay participantes verdaderamente pequeños ni impactos aislados.
El ser humano instala una turbina para transformar el movimiento del aire en electricidad. El mecanismo crea oscilaciones. Las oscilaciones entran en el agua. El agua las transmite a células microscópicas, y dentro de la comunidad invisible cambia el curso de la vida.
Incluso el más silencioso zumbido tecnológico se convierte en parte del espacio oceánico. Entra en la partitura común junto con las corrientes, el movimiento de los animales, el susurro de los sedimentos y las oscilaciones naturales del propio mar.
El océano nos ha recordado: toda tecnología creada por el ser humano entra en relación con la vida que ya existe. Por eso la verdadera sostenibilidad no comienza solo con una fuente de energía limpia, sino también con la capacidad de escuchar la respuesta de todo el sistema, hasta sus habitantes más pequeños.
El plancton no tiene oídos. Pero el océano le transmitió nuestro sonido, y la vida respondió cambiando su ritmo.



