En Lampung del Sur, Indonesia, el 6 de septiembre terminó una pequeña operación para detener a un amante de los peces muy descarado.
Una nutria se coló en una granja privada y, a juzgar por su comportamiento, decidió que no había llegado a una explotación, sino a un bufé libre sin límites.
Lo primero que hizo fue empezar a sacar peces del estanque. Luego se puso a corretear por el recinto con tanta seguridad que cientos de patos y gallinas prefirieron mantenerse alejados del nuevo «dueño» y salían corriendo cada vez que aparecía.
Los dueños de la granja intentaron atrapar al invitado no deseado por su cuenta.
Un día.
Segundo.
La nutria se oponía.
Al final tuvieron que llamar a los bomberos.
Es decir, la situación llegó oficialmente a la fase:
— Tenemos un problema.
— ¿Qué está ardiendo?
— Nada.
— Entonces, ¿para qué nos llaman?
— Una nutria se come los peces y aterroriza a los patos.
Los rescatistas lograron finalmente atrapar al infractor peludo y sacarlo de la granja.
Según la versión preliminar, el animal podría haber sido la mascota de alguien que decidió ampliar un poco su horizonte gastronómico.
Y si esto es realmente así, es probable que el dueño tenga que mantener una conversación difícil:
— ¿Dónde has estado dos días?
— Miau... o sea, no sé nada.
Lo especialmente maravilloso de esta historia es que la nutria no pidió a nadie que la invitara.
Simplemente llegó, vio el estanque con peces y decidió:
«Por fin alguien ha pensado en mí». 😄



