Los propietarios de hoteles en las ciudades que albergarán el Mundial 2026 han manifestado su profunda decepción debido a que el esperado auge turístico nunca llegó a materializarse.
A pesar de las proyecciones previas que sugerían un aumento masivo en las reservas, las cifras reales muestran que la ocupación en las ubicaciones clave se mantiene entre un 30 y un 40 por ciento por debajo de lo previsto.
Los expertos señalan que los altos precios del alojamiento ahuyentaron a muchos aficionados, quienes optaron por alternativas más asequibles como Airbnb o simplemente decidieron no viajar.
Las autoridades locales y los organizadores del torneo han prometido ajustar sus estrategias de marketing para intentar atraer a más visitantes durante las semanas restantes de la competición.
Esta situación genera dudas sobre el verdadero beneficio económico que los grandes eventos internacionales aportan al sector hotelero a largo plazo.



