En Hungría se celebró una competición tras la cual la frase «cava profesionalmente» suena de verdad como un cumplido.
El 5 de septiembre, en la ciudad de Nyergesújfalu, se celebró el noveno campeonato nacional de sepultureros. En el cementerio se reunieron 19 equipos: en total, 38 profesionales con palas y picos.
La tarea era lo más concreta posible: entre dos, cavar a mano una tumba de 2 metros de largo, 80 centímetros de ancho y 1,6 metros de profundidad. Los jueces evaluaban la velocidad, la precisión de las dimensiones y la calidad del trabajo.
La tierra, tras un verano caluroso, estaba tan dura que algunos participantes tuvieron que usar los picos con ahínco. Aun así, eso no detuvo a los ganadores.
Róbert Nagy y László Kis lo lograron en 1 hora 21 minuto y recibieron el premio principal: 200 mil forintos.
El propio ganador formuló la filosofía deportiva del torneo con suma sencillez: en la competición lo principal es la velocidad, mientras que en el trabajo real ya hay que preocuparse también por la belleza.
Los organizadores explican que el campeonato se celebra de forma totalmente seria: debe mostrar la maestría de los trabajadores de los cementerios, atraer la atención hacia la profesión y quitar un poco el tabú en torno al tema de la muerte.
Pero, visto desde fuera, sigue siendo difícil librarse de la sensación de que este es el único campeonato mundial en el que el espectador no tiene precisamente ganas de oír:
— ¡El siguiente! 😄



