La administración de Donald Trump revocó la visa de Maria Luisa Ribeiro Viotti, embajadora de Brasil en Estados Unidos, una medida que refleja la creciente tensión diplomática entre ambas naciones. Esta decisión de EE. UU. se tomó en respuesta a la negativa de Brasil a aprobar la candidatura del nuevo embajador estadounidense, así como a una particular postura diplomática de Brasil hacia los diplomáticos norteamericanos.
En julio, Brasil denegó la entrada a dos altos funcionarios del Departamento de Estado: Riley Barnes, asistente del secretario de Estado, y Samuel Samson, subasistente del secretario de Estado. Ambos pertenecen a la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo. Oficialmente, según afirmó la parte estadounidense, la visita estaba programada para discutir la integridad electoral, la libertad religiosa y la libertad de expresión. No obstante, Brasil lo interpretó como un intento de injerencia en sus asuntos internos, a las puertas de las elecciones de octubre.
La piedra angular de la disputa radica en la acreditación de Daniel Pérez como embajador de Estados Unidos en Brasil. Trump anunció su nominación el 1 de junio sin el consentimiento previo de Brasil, lo que contraviene la práctica diplomática internacional. Pérez es el presidente de la Cámara de Representantes de Florida y un estrecho colaborador del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. Brasil se negó a otorgarle el beneplácito, argumentando que el proceso de aprobación debe ser confidencial e iniciarse bajo condiciones apropiadas. Según las autoridades brasileñas, el derecho internacional no establece plazos fijos para conceder el beneplácito a la acreditación de un embajador.
Estados Unidos está dispuesto a restablecer la visa de Viotti si Brasil acepta la designación de Pérez como embajador. Sin embargo, funcionarios estadounidenses se muestran escépticos sobre la posibilidad de resolver el conflicto a corto plazo. «Es poco probable que esto suceda antes de las elecciones de octubre», declararon representantes de la administración. Es crucial aclarar que Viotti no será expulsada de EE. UU.; puede permanecer en el país, pero sin visa perderá su estatus diplomático. Se prevé que la embajadora regrese a su país de origen.
En medio de esta guerra diplomática, se intensifica un enfrentamiento político dentro de Brasil. Los principales candidatos para las elecciones del 4 de octubre son el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La administración Trump apoya abiertamente la candidatura del joven Bolsonaro.
El conflicto entre Estados Unidos y Brasil posee raíces más profundas. Anteriormente, la administración Trump incluyó a dos de las mayores bandas de narcotraficantes brasileñas en la lista de organizaciones terroristas extranjeras. Además, EE. UU. impuso aranceles elevados a las exportaciones brasileñas, acusando al gobierno de Brasil de prácticas comerciales desleales.
Jair Bolsonaro, expresidente y padre del principal oponente de Lula, cumple una pena de arresto domiciliario. En septiembre de 2025, fue condenado a 27 años y 3 meses de prisión por preparar un golpe de Estado. A pesar de ello, el expresidente sigue criticando el sistema de voto electrónico de Brasil, lo que incrementa la preocupación de las autoridades respecto a la integridad de las próximas elecciones. La familia Bolsonaro, incluido Jair, mantiene estrechos lazos con Washington, lo que despeja cualquier duda sobre los cálculos políticos de ambas partes.


