El lanzamiento de 27 satélites Starlink desde la base de Vandenberg, en California, el 20 de septiembre de 2026 a las 01:47 UTC transcurrió como un turno de trabajo más. El Falcon 9, con el propulsor B1093, que ya había realizado su 17.º vuelo, colocó los aparatos en órbita terrestre baja, y la primera etapa aterrizó en la plataforma «Of Course I Still Love You», en el océano Pacífico. Una de las mitades del carenado alcanzó su 40.º uso: un récord para los elementos reutilizables.
A finales de 2026, SpaceX ya había realizado el 81.º lanzamiento de Starlink del año. El número total de satélites activos de la constelación superó las 11 100 unidades. Cifras así demuestran que la empresa ha pasado de la demostración tecnológica a la escala industrial: la red orbital se está convirtiendo en parte de la infraestructura global de telecomunicaciones, comparable a los cables submarinos o a las torres terrestres de telefonía móvil.
La reutilización de los cohetes está cambiando la economía del sector. El costo de un lanzamiento disminuye y la frecuencia aumenta. Lo que antes exigía años de preparación y presupuestos enormes ahora ocurre decenas de veces al año. Esto permite ampliar rápidamente la cobertura de internet en zonas remotas, en buques y en el aire, donde la infraestructura tradicional no resulta económicamente rentable.
Al mismo tiempo, la creciente densidad de satélites en órbita plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo. Cada nuevo lanzamiento añade objetos que hay que rastrear, maniobrar y, finalmente, desechar. Al parecer, sin normas internacionales de coordinación del tráfico, el riesgo de colisiones y de formación de basura espacial no hará más que aumentar.
Para el usuario común, esto significa un acceso más fiable a la información y a los servicios independientemente de la geografía. Sin embargo, la dependencia de una sola empresa y de un solo sistema orbital puede limitar la elección de proveedores y aumentar la vulnerabilidad en caso de fallos técnicos o restricciones regulatorias.
Como dice un viejo refrán, «la herramienta que se usa a diario deja de parecer un milagro». Starlink ya no se percibe como una excentricidad espacial: se está convirtiendo en el trasfondo de la vida cotidiana, como la electricidad o la telefonía móvil.
Los lanzamientos regulares desde Vandenberg recuerdan que el futuro de las comunicaciones no se construye con anuncios sonados, sino con la rutina constante de ingenieros y operadores.

