El cuerpo como espacio para la música: por qué el movimiento puede aliviar el dolor

Autor: Inna Horoshkina One

La música cambia el estado de ánimo de forma especialmente fuerte cuando el cuerpo deja de simplemente escuchar y le responde con movimiento.

A veces el dolor ocupa todo el espacio interior. Estrecha la atención, limita el movimiento y hace que el cuerpo escuche solo una señal.

Pero entonces empieza a sonar la música.

La respiración se vuelve más regular. Los dedos encuentran el ritmo. La persona comienza a cantar suavemente, y el dolor ya no parece el único evento que ocurre dentro de ella.

La música no siempre elimina su causa física. Sin embargo, puede cambiar la forma en que el cerebro y el cuerpo experimentan el dolor.

Una nueva revisión científica muestra: no solo importa la melodía en sí. Son importantes la respuesta emocional, la posibilidad de elegir la música uno mismo y la participación activa: cantar, moverse o tocar un instrumento.

¿Por qué ayuda la música?

3 de septiembre de 2026 Drexel University presentó un análisis detallado de un trabajo revisado por pares A scoping review of music-based pain treatment mechanism research. La revisión en sí se publicó en el número de agosto de la revista PAIN Reports, y la red de investigación Music4Pain informó sobre ella el 3 de agosto de 2026.

El equipo internacional estuvo liderado por Joke Bradt , profesora de Drexel University, musicoterapeuta certificada y directora de la red Music4Pain. El proyecto está financiado por el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. y estudia los mecanismos del efecto de la música sobre el dolor.

Los investigadores no solo examinaron si la música ayuda, sino que también intentaron averiguar por qué ayuda y en qué condiciones su efecto puede volverse más fuerte.

El equipo examinó más de 600 publicaciones científicas, sin embargo, solo 57 estudios cumplieron con los criterios de la revisión.

El análisis identificó tres factores especialmente prometedores:

  • las emociones positivas que surgen al escuchar;
  • la sensación de autonomía y control cuando la persona elige la música por sí misma;
  • la sincronización del movimiento con la música, por ejemplo, golpear el ritmo.

Es aquí donde la música deja de ser un fondo y se convierte en una acción.

El dolor no nace en un solo punto

El dolor no es una simple señal que va directamente desde la zona dañada del cuerpo hasta la conciencia. Su intensidad se ve influida por la atención, las emociones, las expectativas, la memoria, la ansiedad, la sensación de seguridad y la posibilidad de controlar lo que sucede.

Por eso, dos personas pueden experimentar de manera diferente sensaciones físicas similares. Además, la percepción del dolor en una misma persona puede cambiar según su estado y el entorno.

La música interactúa con varios niveles de esta experiencia a la vez. Puede dirigir la atención, evocar recuerdos agradables, reducir la tensión y devolver la sensación de orden interno.

Pero los autores de la revisión sugieren mirar más profundamente: la música puede ayudar no solo porque distrae.

Cuando la persona elige la composición por sí misma, tiene la posibilidad de influir en su propio estado. Para aquel cuya vida está limitada por el dolor, incluso un pequeño retorno de la sensación de control puede tener una gran importancia.

La música favorita actúa de manera diferente

Los investigadores no encontraron una «melodía universal contra el dolor».

La música elegida por un médico o un experimentador puede no provocar una respuesta emocional. Incluso una pieza que se considera relajante puede traer paz a una persona, pero parecer irritante a otra o despertar recuerdos desagradables.

Por lo tanto, no solo importan el tempo y la frecuencia «correcta» en teoría. Son importantes el significado personal, el placer y cuánto le gusta a la persona la música concreta: este factor los investigadores lo denominan preferencia musical.

Una melodía favorita puede devolver un espacio interior conocido. En él suenan voces de seres queridos, el recuerdo del hogar, la sensación de libertad, el amor vivido o un momento en que el cuerpo era fuerte y ligero.

Ella recuerda: dentro de nosotros no solo existe el dolor.

Por qué no solo es importante escuchar

Una de las direcciones más interesantes ha sido el estudio de la participación activa de la persona en la música.

Joke Bradt señala que en la práctica clínica utiliza el canto, la improvisación vocal y tocar instrumentos. Según sus observaciones profesionales, hacer música activamente puede ser especialmente valioso para personas con dolor crónico. Sin embargo, aún faltan estudios científicos que comparen directamente diferentes formas de esa participación.

En uno de los estudios incluidos en la revisión, el canto conjunto produjo un resultado más pronunciado que la escucha pasiva. Pero es una observación aislada que aún no permite afirmar que el canto siempre sea más eficaz para cada persona.

Durante el canto se conectan simultáneamente muchos procesos:

  • la respiración adquiere un ritmo determinado;
  • la atención sigue la melodía y las palabras;
  • la voz se crea con el movimiento de los músculos respiratorios y se siente en el cuerpo;
  • la persona controla por sí misma la fuerza y la duración del sonido;
  • las emociones tienen la oportunidad de expresarse.

Cantar es música que no solo oímos. La creamos con la respiración y la sentimos desde dentro.

No es una medicina milagrosa

Los investigadores subrayan las limitaciones importantes de los datos existentes. Hay especialmente pocos estudios rigurosos sobre personas que viven durante mucho tiempo con dolor crónico. Muchos experimentos se realizaron con voluntarios sanos o modelaron sensaciones de dolor a corto plazo en el laboratorio.

Los mecanismos identificados en el dolor agudo pueden funcionar de manera diferente en condiciones prolongadas.

Además, en la percepción de la música influyen el género, el volumen, la familiaridad con la obra, los recuerdos, el entorno cultural y la sensibilidad individual. No menos complejo es el propio dolor.

Por lo tanto, la música no debe presentarse como un sustituto del diagnóstico, la terapia farmacológica o la atención médica. Puede utilizarse como una herramienta complementaria, especialmente bajo la guía de un musicoterapeuta cualificado, pero su efecto depende del estado y las necesidades de cada persona.

La importancia de la nueva revisión no reside en prometer la curación con una sola canción. La música no hace desaparecer el dolor; crea dentro de la persona un espacio en el que el dolor deja de sonar en solitario.

Cuando la persona vuelve a ser autora

Quizás una de las principales características de la música no sea que hace callar el dolor. Devuelve a la persona la capacidad de escuchar la melodía dentro de sí misma.

Cuando elegimos una melodía, inhalamos y comenzamos a cantar o movernos, el cuerpo deja de ser solo un lugar de sufrimiento. Vuelve a convertirse en un espacio capaz de crear sonido, mantener el ritmo y expresar la vida.

La música no anula lo que sucede, pero cambia la relación de la persona con ello. La posición interna se transforma gradualmente:

«Esto me está pasando a mí» se convierte en «yo estoy haciendo esto».

Y a veces el alivio comienza precisamente aquí: no cuando la música simplemente suena cerca, sino cuando la persona entra por sí misma en su movimiento.

El cuerpo no solo escucha música. Recuerda que también sabe sonar.



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Fuentes

  • Why does music ease pain? Researchers map the evidence

  • Joke Bradt | Music4Pain

  • NIH Taps Drexel to Help Expand the Study of Music and Music-Based Interventions for Pain

  • Music4Pain

  • Sensorimotor synchronization to music reduces pain

  • Sensorimotor synchronization to music reduces pain

  • Current Issue : PAIN Reports

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