El 12 de mayo de 2026, coincidiendo con el aniversario del NORAD —el Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial, fundado en 1958 para la vigilancia del espacio aéreo—, se estrenó el documental "Sleeping Dog" de Jeremy Corbell. La obra combina el relato personal y reflexiones sobre años de investigación con el plato fuerte: una selección de grabaciones militares inéditas de fenómenos anómalos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés).
La relevancia de este material radica en que incluye ocho de los 46 vídeos solicitados formalmente por el Congreso al Pentágono. Estas imágenes, captadas por fuentes militares mediante sistemas infrarrojos FLIR, podrían formar parte del próximo lote de documentos desclasificados. Entre el material destaca un objeto de apariencia humanoide suspendido en el aire, esferas luminosas con una dinámica de vuelo inusual y un grupo de los ya conocidos "tic-tacs", naves ovoides o con forma de cigarro. Las grabaciones muestran maniobras bruscas, vuelo estacionario y desplazamientos coordinados difíciles de atribuir a aeronaves convencionales, drones o fenómenos meteorológicos.
Corbell, veterano investigador de los UAP, insiste tanto en sus entrevistas como en el propio filme en que ha visto "pruebas totalmente convincentes" de la presencia de "otros" en nuestro espacio o visitando la Tierra. Según el cineasta, las estructuras gubernamentales custodian respuestas que los ciudadanos estadounidenses no solo tienen derecho a conocer, sino que necesitan saber.
La reacción de la comunidad ha sido, como era de esperar, dispar. Mientras unos celebran las nuevas imágenes como un avance hacia la transparencia y elogian la tenacidad de Corbell, otros cuestionan el formato del estreno. Al estar parte del material disponible únicamente bajo pago o alquiler del documental, han surgido acusaciones de mercantilizar la "desclasificación". Pese a ello, las filtraciones ya generan debate y diversos fragmentos circulan con rapidez por la red.
El estreno se enmarca en el contexto actual de audiencias parlamentarias regulares, peticiones de congresistas, informes oficiales del Pentágono y un creciente interés social. "Sleeping Dog" no pretende ser un punto final, sino más bien un aviso de que el volumen de información acumulada está desbordando los despachos cerrados. Solo el tiempo dirá si las próximas revelaciones serán más detalladas y accesibles. Por ahora, el cielo que se vigila desde 1958 sigue guardando sus secretos, aunque cada vez permite vislumbrarlos con mayor frecuencia.
El documental plantea más interrogantes que respuestas, algo habitual en esta materia. No obstante, mantiene viva la inercia: el interés no decae y la información sigue filtrándose. Para quienes siguen de cerca estos avances, se trata de un episodio más en la prolongada pugna entre el secretismo y la curiosidad.


