Un descubrimiento que transforma la comprensión del Sol: Pequeños vórtices explican las erupciones y el misterio del calentamiento coronal

Autor: Uliana S

El 5 de agosto de 2026, el Observatorio Solar Nacional de Estados Unidos anunció un gran avance en la física solar. Con el telescopio solar más potente del mundo, el Daniel K. Inouye, ubicado en la cima de Haleakalā, en Maui, los científicos observaron por primera vez en la superficie de nuestra estrella diminutas estructuras de vórtices, huellas de inestabilidades de Kelvin-Helmholtz. Lo que la teoría había predicho durante décadas, finalmente se hizo visible.

El telescopio, con su espejo de cuatro metros, capturó la fotosfera con una resolución récord. En las imágenes, tomadas en abril de 2025, los límites de las regiones magnéticas aparecieron dentados por decenas de pequeños remolinos. Estos "vórtices", que varían en tamaño desde varias decenas hasta cientos de kilómetros, se forman donde las corrientes de plasma caliente se deslizan unas sobre otras a diferentes velocidades. Así es como surgen las famosas ondas en la interfaz de dos fluidos, desde la ondulación en un lago hasta las crestas de las nubes e incluso estructuras en las atmósferas de Júpiter y Saturno.

Un equipo internacional de investigadores del NSO, el Observatorio de Alta Altitud del NCAR y el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar, comparó las observaciones con modelos informáticos de alta precisión. La coincidencia fue casi completa: tanto en la realidad como en las simulaciones, la distancia promedio entre los vórtices fue de aproximadamente 50 a 65 kilómetros. Esto permitió afirmar con confianza que lo observado era, de hecho, inestabilidades de Kelvin-Helmholtz, y no fluctuaciones aleatorias.

Este descubrimiento no solo es importante por sí mismo. Dichos vórtices mezclan constantemente el plasma magnetizado y no magnetizado. Podrían ser el "motor" que tuerce las líneas de fuerza magnética, un proceso conocido como "trenzado de flujo". Cuando la tensión en estas "trenzas" alcanza un límite, las líneas se reconectan, liberando energía. Así es como nacen las erupciones, los chorros y las eyecciones de masa coronal, fenómenos de los que dependen las interrupciones de satélites, GPS y sistemas de energía en la Tierra.

Además, estos pequeños remolinos ayudan a resolver uno de los viejos enigmas: por qué la corona del Sol se calienta a un millón de grados, mientras que la superficie solo alcanza unos 5500. La mezcla constante y el transporte de energía hacia arriba pueden contribuir significativamente a este calentamiento. También, al parecer, aceleran la difusión del campo magnético, lo cual es crucial para explicar el ciclo solar de 11 años.

El artículo con los resultados fue publicado en la revista Nature bajo el título «Ubiquitous Kelvin-Helmholtz Instabilities Driving Plasma Mixing on the Sun». Los científicos enfatizan que esto es solo el principio. A continuación, será necesario comprender cuánta energía transfieren exactamente estos vórtices a las capas superiores de la atmósfera y cómo influyen en la propagación de los campos magnéticos.

El telescopio Inouye, construido y operado por el Observatorio Solar Nacional, ha demostrado una vez más la importancia de las observaciones de ultra alta resolución. Lo que antes permanecía oculto, ahora abre nuevas vías para la comprensión no solo de nuestro Sol, sino también de otras estrellas.

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Fuentes

  • Nature

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