Dos partículas cuánticas, separadas en el espacio, comienzan de pronto a comportarse como si sus estados estuvieran vinculados de forma inseparable, a pesar de que entre ellas no existen fotones ni campos mediadores. Este es el resultado obtenido en un estudio teórico centrado en el modelo de Schrödinger-Newton para dos partículas. La gravedad, considerada habitualmente una fuente de decoherencia, actúa en este caso como un generador de entrelazamiento cuántico.
La investigación ha sido realizada por un grupo de físicos teóricos y publicada como un preprint en arXiv en mayo de 2026. Los autores analizan dos partículas masivas, cada una de ellas descrita por una función de onda sujeta al potencial gravitatorio newtoniano. A diferencia de la mecánica cuántica convencional, la interacción gravitatoria se introduce aquí directamente en la ecuación de Schrödinger, sin necesidad de recurrir a la teoría cuántica de la gravedad. Los cálculos demuestran que estados inicialmente independientes evolucionan hacia un estado entrelazado en un intervalo de tiempo finito.
El mecanismo fundamental se puede explicar de la siguiente manera: cada partícula genera a su alrededor una «hendidura» gravitatoria en el espacio-tiempo, y la segunda partícula cae inevitablemente en ella, modificando así su función de onda. Como consecuencia, surge una correlación que no puede explicarse sin tener en cuenta la influencia gravitatoria mutua. Esto recuerda a dos patinadores sobre hielo cuyos movimientos se sincronizan mediante un hilo invisible, a pesar de que nunca han llegado a tocarse.
El efecto observado transforma nuestra percepción sobre el papel de la gravedad en el ámbito cuántico. Si el modelo resulta ser correcto, incluso un campo gravitatorio débil podría generar recursos para la computación cuántica y la transmisión de información. Esto allana el camino para experimentos donde el entrelazamiento no sea inducido por láseres o superconductores, sino por la propia gravedad terrestre o mediante masas de laboratorio.
Aunque el trabajo sigue siendo de carácter teórico, los autores subrayan la necesidad de validarlo mediante futuras mediciones. No obstante, ya queda claro que la gravedad deja de ser únicamente un factor que destruye la coherencia cuántica para convertirse en un participante activo de las correlaciones cuánticas.
De este modo, incluso en un sistema de dos partículas sumamente sencillo, la gravedad newtoniana es capaz de tejer un vínculo cuántico que antes se buscaba exclusivamente en las interacciones electromagnéticas o de espín.



