En el laboratorio del NIST, los científicos se toparon con un material que se comporta como los superconductores no deberían comportarse según los manuales. El ditelururo de uranio (UTe₂) conserva el estado superconductor en campos magnéticos que normalmente destruyen esta propiedad en otras sustancias. El descubrimiento obliga a revisar las concepciones arraigadas sobre la naturaleza de la superconductividad.
Los superconductores se emplean desde hace tiempo en medicina: en los tomógrafos de resonancia magnética permiten que la corriente fluya sin pérdidas. Sin embargo, la mayoría de los materiales conocidos pierden esta cualidad bajo la acción de un imán potente. El UTe₂, en cambio, demuestra lo contrario: sigue siendo superconductor incluso con campos muy altos, aunque solo funciona a temperaturas inferiores a dos kelvin, apenas dos grados por encima del cero absoluto.
Los investigadores suponen que el material pertenece a los superconductores topológicos. En tales sustancias, los electrones forman pares especiales, protegidos de las perturbaciones externas. Esta propiedad podría ser útil para crear cúbits estables en computadoras cuánticas, donde los errores por ruido son el principal problema.
El doctor Nicholas Butch, del NIST, subraya que el trabajo se desarrolla en el marco de la ciencia fundamental, donde el resultado no siempre es evidente de inmediato. La historia muestra que los descubrimientos sin aplicación inmediata a menudo conducen a avances décadas después, como ocurrió con los superconductores de óxido descubiertos en los años 1980.
El camino desde la observación en el laboratorio hasta un dispositivo real es largo. Hay que confirmar las propiedades, organizar la producción e integrar el material en las tecnologías. Por ahora, el UTe₂ sigue siendo un objeto de estudio y no una solución lista.
La financiación de este tipo de investigaciones sigue siendo clave: sin el apoyo a la ciencia básica, muchas tecnologías futuras simplemente no aparecerán. El descubrimiento en el NIST recuerda que la naturaleza aún guarda no pocas sorpresas incluso en ámbitos bien estudiados.

