En el desierto de gran altitud de Atacama, donde el aire es seco y enrarecido y el cielo parece estar al alcance de la mano, opera uno de los instrumentos más potentes de la astronomía moderna: el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA). Esta red de radiotelescopios, fruto de una colaboración internacional, permite observar los rincones más fríos y polvorientos del universo donde nacen las estrellas. Observaciones recientes de ALMA, publicadas en mayo de 2026, han arrojado un resultado inesperado: en las "semillas" más pequeñas que forman los cúmulos estelares masivos, la turbulencia caótica parece imponerse sobre el orden de los campos magnéticos.
Artist impressions of the magnetic field distribution around and within the molecular cloud clumps. The 1-pc scale clump is penetrated by the magnetic field, which is ordered and perpendicular to the clump’s long axis (left panel).
Las estrellas masivas, aquellas con una masa al menos ocho veces superior a la del Sol, desempeñan un papel fundamental en la evolución de las galaxias. Estas emiten una potente radiación ultravioleta, impulsan vientos estelares, enriquecen el cosmos con elementos pesados y concluyen sus vidas con explosiones de supernova. Sin embargo, el mecanismo exacto de su formación en guarderías estelares densamente pobladas seguía siendo un misterio. Los científicos saben desde hace tiempo que las enormes nubes moleculares se fragmentan en estructuras cada vez más pequeñas: primero en cúmulos, luego en aglomeraciones y, finalmente, en condensaciones compactas de unos 0,01 pársecs. Estas condensaciones son las estructuras "madre" directas de los discos protoestelares y de las futuras estrellas o sistemas múltiples cercanos.
Tradicionalmente, se consideraba que los campos magnéticos eran reguladores esenciales de este proceso. En escalas de nubes y aglomeraciones de gran tamaño (superiores a 0,1 pársecs), el gas se comprime con mayor facilidad a lo largo de las líneas del campo magnético que de forma transversal. Como resultado, las estructuras suelen aparecer alargadas perpendicularmente al campo. No obstante, en las escalas más pequeñas donde se forman las estrellas individuales, el panorama resultó ser distinto.
Un equipo internacional liderado por Junhao Liu, de la Universidad de Nankín, analizó los datos del mayor sondeo de ALMA realizado hasta la fecha sobre la polarización del polvo en regiones de formación estelar masiva (el proyecto MagMaR), estudiando cientos de condensaciones compactas en 30 regiones de la Vía Láctea. Los granos de polvo se alinean con las líneas magnéticas, polarizando la radiación en ondas milimétricas. Esto permite "visualizar" la orientación del campo con una resolución de cientos de unidades astronómicas.
El resultado fue sorprendente: en escalas pequeñas, las condensaciones suelen estar alargadas de forma paralela a los campos magnéticos locales, lo contrario de lo que se observa a gran escala. La comparación con simulaciones magnetohidrodinámicas tridimensionales demostró que este patrón surge cuando la turbulencia domina sobre el magnetismo. Los flujos turbulentos comprimen el gas en estructuras aplanadas, reforzando los componentes del campo a lo largo de su eje longitudinal.
"¿Campos magnéticos o turbulencia? Se trata de una batalla cósmica entre el orden y el caos", señala Liu. "A gran escala, los campos ordenados estructuran las nubes, pero al formarse estrellas y cúmulos individuales, acaban perdiendo frente al caos".
Además, los investigadores hallaron una discrepancia estadística entre las direcciones de los campos magnéticos y los ejes de rotación de las condensaciones. Este "desajuste" podría debilitar el frenado magnético, permitiendo que el gas conserve su momento angular y forme grandes discos protoestelares, un factor determinante para el crecimiento de estrellas masivas y la formación de sistemas múltiples.
Estos hallazgos no anulan por completo el papel de los campos magnéticos, ya que probablemente ayudan a organizar las nubes de mayor tamaño. Sin embargo, en las escalas críticas y reducidas, es la turbulencia la que marca la pauta. Las observaciones de ALMA, al combinar una alta sensibilidad y resolución, han permitido estudiar sistemáticamente esta física por primera vez. El trabajo, publicado en Nature Astronomy, cambia las ideas convencionales sobre la formación de cúmulos estelares masivos y plantea nuevas interrogantes para la teoría y la modelización.
Cada descubrimiento de este tipo nos recuerda lo complejo y multifacético que es el proceso de formación estelar. ALMA continúa revelando los mecanismos ocultos gracias a los cuales, a partir del gas cósmico frío, nacen los astros que definen el destino de las galaxias.
