En Madrid se ha puesto en marcha un sistema inusual: quince sensores acústicos con inteligencia artificial «escuchan» las veinticuatro horas a las aves y murciélagos en dos parques urbanos. Los dispositivos no graban sonidos, sino que reconocen al instante las especies por sus voces y ultrasonidos, acumulando ya más de doce mil observaciones.
Siete sensores están en Madrid-Río, un parque concurrido con alta presión recreativa, y ocho en el más tranquilo y extenso parque forestal de Valdebebas-Felipe VI. La diferencia de condiciones permite comparar cómo se adapta la fauna a distintos niveles de presencia humana. Los sensores registran no solo la especie, sino también la hora, la temperatura, la humedad y la presión atmosférica.
Los primeros datos ya muestran contrastes. En Madrid-Río se han identificado 66 especies de aves y 13 de murciélagos; en Valdebebas, 103 y 23 respectivamente. Entre los visitantes frecuentes están la urraca, el verderón, el jilguero y el mirlo común; entre los quirópteros, el murciélago de Natterer y el murciélago enano. En el parque más natural, las observaciones son considerablemente más numerosas.
Toda la información se envía automáticamente a una plataforma digital con un «gemelo» de la biodiversidad: mapas de calor, gráficos y herramientas SIG ayudan a seguir los cambios estacionales y a planificar el cuidado de las zonas verdes. Los desarrolladores españoles subrayan que el sistema respeta plenamente la privacidad: los sonidos no se guardan.
El proyecto, presentado el 26 de agosto de 2026, demuestra cómo las tecnologías modernas convierten los parques urbanos en laboratorios vivos. Permite no solo registrar la presencia de especies, sino también comprender cómo afecta la urbanización a su actividad y distribución.
Estas redes de monitoreo ayudan a las ciudades a tomar decisiones más precisas para la conservación de la biodiversidad, basándose en datos reales y no en estudios puntuales.
