En los países de América Latina, la criptomoneda ha dejado de ser hace mucho tiempo un simple juego de especuladores. Se ha convertido en una forma de preservar los ahorros cuando la moneda local se derrite ante los ojos debido a la inflación.
En 2025, la región registró más de 730 mil millones de dólares en volumen de operaciones con criptomonedas, un crecimiento del 60 % anual. América Latina representó alrededor del 10 % de la actividad mundial. Las stablecoins vinculadas al dólar aseguraron la mayor parte de este flujo: 324 mil millones de dólares, un incremento del 89 %.
Ahora el panorama está cambiando. Los grandes actores —bancos, gestores de activos y bolsas— están empezando a considerar seriamente la región. En febrero de 2026, Crypto Finance Group, vinculado a Deutsche Börse, anunció su expansión a América Latina, ofreciendo custodia y comercio institucional.
En Brasil ya operan ETFs al contado de XRP y SOL, y Nubank ofrece recompensas por mantener USDC. La empresa fintech local Meliuz fue la primera entre las firmas públicas del país en lanzar una estrategia de acumulación de bitcoin y posee 320 BTC. Estos pasos demuestran que lo que comenzó como una protección contra la devaluación del peso o el bolívar se está convirtiendo en parte de la infraestructura financiera.
La regulación sigue siendo un factor clave. Brasil lidera con la ley de activos virtuales, que introdujo licencias y normas contra el lavado de dinero (AML). En México y Chile existen leyes fintech que reconocen los activos digitales. Bolivia levantó una prohibición de diez años. Sin embargo, en Brasil se debaten restricciones a las operaciones transfronterizas con stablecoins y la prohibición de transferencias desde billeteras no custodiadas; estas medidas podrían cambiar las reglas del juego.
Las diferencias entre los países persisten. En Argentina y Venezuela, las criptomonedas siguen siendo una herramienta de cobertura; en Perú y Colombia, una forma de obtener rendimientos superiores a las tasas bancarias. Brasil, por su parte, concentra casi un tercio de todo el volumen de la región, y sus decisiones determinarán la tónica para toda América Latina.
El crecimiento del número de usuarios es impresionante: en la región, los titulares de criptomonedas activos mensualmente aumentaron un 18 % en comparación con el año anterior, tres veces más rápido que en Estados Unidos. Las remesas, que superan los 140 mil millones de dólares anuales, pasan cada vez más a través de la cadena de bloques, reduciendo las comisiones del 6 % a fracciones de porcentaje.
El interés institucional también conlleva riesgos. La concentración de volúmenes en Brasil, el dominio de Binance en la mitad de los usuarios y la incertidumbre regulatoria podrían provocar fluctuaciones bruscas. No obstante, las causas fundamentales —inflación, exclusión financiera e inestabilidad monetaria— no han desaparecido.
Para quienes siguen el mercado, 2026 será una prueba: si el mercado cripto regional resistirá la transición de la demanda minorista a la infraestructura institucional o si terminará siendo rehén de la política de uno o dos países.
