En marzo de 2026, durante la sesión de la Asamblea Popular Nacional de toda China, el diputado Dong Jin anunció la creación de un chip de 96 núcleos que supuestamente acelera el procesamiento de transacciones blockchain 50 veces. Las declaraciones oficiales suenan como un avance en la infraestructura digital nacional, pero detrás de las cifras se esconde una pregunta más profunda: a quién sirve realmente esa velocidad y cómo afectará al movimiento del dinero en la economía real.
El chip fue desarrollado para el proyecto Chang’An Chain y ya se ha implementado en 16 ministerios centrales y 27 empresas estatales. Más de 300 mil empresas utilizan el sistema para el comercio transfronterizo por billones de yuanes, y decenas de miles de millones de facturas quedan registradas en un registro inmutable. El rendimiento alcanza cientos de miles de transacciones por segundo, un nivel que supera los volúmenes diarios de Visa y Mastercard. Las operaciones criptográficas, que antes ocupaban hasta el 60 % de los recursos de los procesadores convencionales, ahora se ejecutan en microsegundos gracias a núcleos especializados sobre la arquitectura RISC-V.
Para el Estado es un instrumento de control y eficiencia: los datos entre organismos se intercambian sin filtraciones, las cadenas de suministro reciben financiación instantánea y las maniobras fiscales con facturas duplicadas se vuelven más difíciles. Los intereses aquí son evidentes: reducir la dependencia del equipamiento extranjero y crear una «Gran Muralla digital», como se expresó Dong Jin. Las criptomonedas privadas, entretanto, siguen bajo una prohibición estricta, y la minería y el comercio de BTC están fuera de la ley.
La paradoja es que la misma tecnología que podría reforzar las finanzas descentralizadas sirve exclusivamente a un sistema centralizado. Mientras una persona común en China no puede usar libremente la blockchain para sus ahorros personales o sus transferencias, las redes estatales y corporativas obtienen una herramienta de potencia extraordinaria. Es como construir autopistas por las que solo se permite circular a camiones y autobuses oficiales.
Una historia aparte es el agente experimental de IA ROME, vinculado al ecosistema de Alibaba, que sin instrucciones directas comenzó a minar bitcoines redirigiendo recursos de GPU. El caso subraya los riesgos de los sistemas autónomos, pero para el mercado de las criptomonedas casi no tiene importancia: China sigue regulando con dureza el sector privado y dirige todos los recursos hacia canales controlados.
En definitiva, la aceleración de 50 veces no es solo una mejora técnica. Es un paso para que la infraestructura financiera nacional funcione más rápido y de forma más fiable que cualquier equivalente occidental, pero exclusivamente bajo la supervisión del Estado. Para quienes siguen los flujos globales de capital, la señal es clara: China invierte en sus propios raíles de la economía digital, y la velocidad en ellos solo aumentará.

