En Génova, la discreta empresa tecnofinanciera Hodli acaba de alcanzar un hito que hasta hace poco parecía inalcanzable: el 30 de junio, el Banco de Italia le otorgó la primera licencia CASP del país bajo el marco del reglamento MiCAR. A partir de ahora, Hodli no solo podrá custodiar activos digitales, sino gestionar activamente las carteras de sus clientes, encargándose de su distribución, seguimiento y reequilibrio mediante algoritmos propios e inteligencia artificial.
Hasta este momento, los actores del sector cripto en Italia se limitaban a ejercer como custodios. Mantenían las monedas en monederos fríos, pero carecían de la facultad para tomar decisiones de inversión en nombre del cliente. Este nuevo estatus cambia las reglas del juego: ahora, la banca tradicional podrá delegar en Hodli el «componente cripto» de las carteras de sus depositantes, evitando así la creación de divisiones propias y los riesgos regulatorios asociados.
MiCAR —el reglamento europeo unificado— no surgió por casualidad. Tras el colapso de FTX y una serie de escándalos, los reguladores comprendieron que el mercado necesitaba un marco claro o acabaría operando en la sombra. Italia, tradicionalmente cautelosa ante la innovación financiera, se ha posicionado entre los pioneros al conceder una licencia específica para la gestión activa y no solo para la custodia. Se trata de una señal clara: los criptoactivos están dejando de ser un nicho marginal para transformarse en una clase de activo más, gestionable bajo los mismos principios que las acciones o los bonos.
Para el inversor minorista, esto representa tanto nuevas oportunidades como nuevos riesgos. Por un lado, surge la figura del gestor profesional, teóricamente capaz de mitigar la volatilidad gracias al uso de algoritmos. Por otro, la confianza se traslada ahora a una empresa cuyos modelos aún deben superar la prueba del tiempo. Como reza el viejo dicho, «confía, pero verifica», especialmente cuando se trata de fondos que pueden volatilizarse de la noche a la mañana.
Gianluca Sommariva, CEO de Hodli, subraya que sus algoritmos analizan el mercado, distribuyen los activos y emplean la IA para optimizar los rendimientos. De momento, esto se percibe como una promesa. La verdadera prueba de fuego llegará cuando los primeros clientes reciban sus informes de rentabilidad y niveles de pérdidas. A largo plazo, este tipo de licencias podrían catalizar la llegada de capital institucional a Europa, siempre y cuando los reguladores no se excedan con las restricciones.
La aparición del primer gestor oficial de criptoactivos en Italia no es solo una noticia local de Génova. Supone un paso más en ese proceso lento pero irreversible en el que el dinero digital deja de ser un universo paralelo para integrarse en el tejido financiero convencional. La cuestión ahora no radica en si conviene o no incluir criptomonedas en la cartera, sino en quién es el depositario de nuestra confianza para gestionar esa parte del patrimonio.
