En Colombia, más del 60–67 % de los hogares tiene al menos una mascota, y precisamente el cuidado de los perros y los gatos se está convirtiendo en el principal motor de la adopción de tecnologías de hogar inteligente. Según los datos del Pet Food Institute, publicados en septiembre de 2026, los propietarios adquieren cámaras y sistemas de monitoreo ante todo para vigilar a las mascotas que se quedan solas, y después integran estos dispositivos en el sistema general de seguridad de la vivienda.

Las cámaras con transmisión de imagen en tiempo real, sensores de movimiento y audio bidireccional permiten a los dueños comprobar el estado de los animales desde el teléfono inteligente a lo largo de la jornada laboral. Las cerraduras digitales complementan el sistema: brindan la posibilidad de conceder acceso temporal a paseadores, veterinarios a domicilio o familiares sin entregar llaves físicas, registrando todas las entradas y enviando notificaciones automáticas.
El esquema típico es el siguiente: el usuario empieza comprando una cámara por la mascota y, con el tiempo, amplía sus funciones a toda la casa. La flexibilidad del almacenamiento de datos permite adaptar el equipo al presupuesto y a los requisitos de privacidad. Los especialistas señalan que los animales dejaron de ser solo un motivo para una compra puntual y se convirtieron en un factor que redefine el propio concepto de hogar inteligente.
Las tecnologías superan el ámbito de la vigilancia perimetral y conforman un ecosistema que garantiza el bienestar, la conexión constante y la tranquilidad de toda la familia. El mercado global de pet-tech, según las previsiones de la American Pet Products Association, superará los 20 mil millones de dólares para 2027, y la experiencia colombiana muestra cómo los hábitos locales aceleran este crecimiento.
Así, las cámaras y el monitoreo, comprados inicialmente para las mascotas, se convierten en la base de un sistema integral que transforma la vida cotidiana de los dueños en Colombia.

