Nueva teoría del MIT: la conciencia podría surgir de ondas cerebrales viajeras

Autor: Elena HealthEnergy

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Estamos acostumbrados a imaginar el cerebro como una red gigante de neuronas, donde la información se transmite a través de sinapsis de célula a célula. Pero esa imagen podría estar incompleta. Investigadores del Instituto Picower del MIT proponen añadirle otro nivel: el cerebro podría procesar información mediante ondas eléctricas que se propagan por la corteza.

En agosto de 2026, Earl Miller, Scott Brincat y Jefferson Roy presentaron en The Journal of Neuroscience la teoría de la cognición y la conciencia analógicas. Según ella, las ondas cerebrales viajeras son capaces de unir rápidamente millones de neuronas en ensamblajes funcionales y reconfigurar su interacción sin necesidad de cambiar cada vez las propias conexiones sinápticas.

Las sinapsis siguen siendo el fundamento del funcionamiento cerebral. Pero son relativamente estables, mientras que la situación a nuestro alrededor cambia cada segundo. El cerebro tiene que conectar al instante la visión, los sonidos, las sensaciones corporales, la memoria y los objetivos actuales. Los autores sugieren que son precisamente las ondas las que le permiten cambiar rápidamente la configuración funcional de la red neuronal ya existente.

Esta idea encaja bien con la observación de que las neuronas rara vez tienen una única función. Una misma célula puede formar parte de diferentes ensamblajes según la tarea. Por eso no solo importa qué neurona está activa, sino también con quién trabaja en ese momento.

Uno de los mecanismos de dicha coordinación podría ser la interacción entre los ritmos cerebrales. Las oscilaciones más lentas alfa y beta pueden influir en la rápida actividad gamma, asociada al procesamiento de información sensorial. Además, los ritmos pueden propagarse por la corteza en forma de ondas viajeras, modificando secuencialmente las condiciones de trabajo de las neuronas a su paso.

La parte más inusual de la teoría comienza donde estas ondas se encuentran.

Al igual que las ondas físicas ordinarias, pueden superponerse: en unos lugares reforzarse, en otros atenuarse. Surge un complejo patrón espacio-temporal. Miller y sus colegas sugieren que esa interferencia podría no ser un mero subproducto del funcionamiento cerebral, sino parte del propio proceso computacional.

Se puede imaginar como ondas en el agua. Si se lanzan varias piedras a un estanque, las ondas se cruzan y crean un nuevo patrón, aunque el fondo y las orillas permanezcan iguales. De manera similar, el cerebro podría crear rápidamente nuevas configuraciones funcionales sin reestructurar físicamente toda la red neuronal.

Aún más interesante es la posibilidad de una influencia inversa. Las neuronas generan campos eléctricos, pero estos campos, a su vez, pueden afectar la actividad de otras neuronas, un fenómeno conocido como interacción epháptica. Se obtiene un sistema dinámico cerrado: las neuronas forman ondas, las ondas organizan las neuronas, y la actividad modificada crea nuevas ondas.

Es aquí donde la teoría aborda el problema de la conciencia.

Los autores sugieren que las ondas viajeras ayudan a integrar los procesos locales del cerebro en un estado coherente a gran escala. Entonces, la conciencia podría depender no solo de qué información contiene la actividad neuronal, sino también de cómo está organizada esa actividad en el tiempo y el espacio.

A favor de esta idea hablan, en particular, los estudios sobre anestesia general. Diferentes anestésicos actúan sobre distintos objetivos moleculares, pero la pérdida de conciencia se acompaña de una alteración en la organización a gran escala de las ondas cerebrales. Esto no prueba que las ondas creen la conciencia, pero indica que su dinámica coherente podría ser una condición importante del estado consciente.

Por ahora es solo una teoría, no un mecanismo demostrado de la conciencia. Los investigadores aún deben mostrar que la interferencia de las ondas cerebrales realmente realiza cálculos analógicos y no solo acompaña el trabajo de las redes neuronales.

Pero si la hipótesis se confirma, cambiará notablemente la visión del cerebro. Entonces, para comprender el pensamiento no bastará con estudiar solo las neuronas, las sinapsis y las áreas corticales individuales. Habrá que tener en cuenta también la física del propio tejido nervioso: los campos eléctricos, los ritmos y el movimiento de las ondas.

Y, quizás, la cuestión principal de la ciencia de la conciencia cambiará gradualmente. En lugar de buscar el lugar en el cerebro donde reside la conciencia, los investigadores se preguntarán cada vez más qué patrón dinámico permite que miles de millones de células se conviertan por un instante en un todo unificado.

En esta imagen, el cerebro no es simplemente una red que transmite señales. Se asemeja a un paisaje ondulatorio en constante cambio, donde la propia dinámica de la actividad eléctrica puede convertirse en parte del cálculo.

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Fuentes

  • Analog Cognition and Consciousness

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