Eric Lefkofsky ya había construido un imperio sobre datos y tecnología: Groupon lo convirtió en multimillonario, y otros proyectos abarcaron la logística, la publicidad y el comercio electrónico. Pero cuando su esposa se enfrentó al cáncer de mama, la lógica empresarial habitual falló: la medicina guardaba montañas de información que no podía utilizarse para un paciente concreto. Esa brecha no fue solo un dolor personal, sino el punto de partida de un nuevo capítulo en su carrera.
En el año 2015, Lefkofsky fundó Tempus AI. La empresa no solo recopila datos genómicos y clínicos: crea una infraestructura en la que cada caso de tratamiento hace que el sistema sea más inteligente para el siguiente paciente. A diferencia de las startups de consumo, donde el éxito se mide por la velocidad y el alcance, aquí lo esencial son la precisión, la evidencia y la confianza. Un error en la atención sanitaria no cuesta usuarios perdidos, sino vidas humanas.
En el segundo trimestre del año 2026, Tempus registró unos ingresos de 382,5 millones de dólares, un crecimiento del 22 por ciento interanual. Los volúmenes de pruebas oncológicas crecieron un 31 por ciento, y el negocio de licencias de datos y modelado, un 36 por ciento. La compañía elevó su previsión para todo el año hasta 1,6 mil millones de dólares. Detrás de estas cifras no hay solo diagnóstico: Tempus une a médicos, investigadores y compañías farmacéuticas en un único ecosistema donde los datos se convierten en el activo principal.
Las adquisiciones del año 2026 —Personalis, Paige y Center Health— amplían el alcance de la oncología a la cardiología, la diabetes y la patología digital. Lefkofsky subraya que la IA en la atención sanitaria da sus mejores frutos precisamente porque los datos aquí están dispersos y no estructurados. Los modelos entrenados con millones de registros detectan patrones inaccesibles para un médico individual. No es un sustituto de los especialistas, sino una herramienta que hace que cada decisión esté mejor informada que la anterior.
Para inversores y emprendedores, la historia de Tempus ilustra un cambio: de las rápidas victorias de consumo a los proyectos sistémicos de largo plazo, donde el valor no se mide solo por los beneficios, sino también por el impacto en la duración y la calidad de vida. Los motivos personales se entrelazan aquí con los económicos: los datos recopilados hoy se convierten en el capital de los descubrimientos y las terapias más precisas del mañana.
A diferencia de la época de Groupon, en la que el éxito dependía de la viralidad y la expansión geográfica, Tempus exige paciencia y pruebas. Pero su rendimiento es potencialmente mayor: cuando la información de miles de pacientes ayuda a uno solo, la medicina deja de ser una lotería y se convierte en un sistema predecible. Lefkofsky demuestra que el verdadero capital hoy no es solo el dinero, sino la capacidad de transformar hechos dispersos en una inteligencia colectiva que salva vidas.

