Las empresas europeas, al parecer, no tienen prisa por abandonar el dinero tradicional en favor de las criptomonedas. Según una reciente encuesta del Banco Central Europeo, solo el 0,2 % de las empresas aceptan activos digitales para pagos en línea, mientras que en las tiendas físicas esta cifra apenas alcanza el 1 %.
El estudio abarcó a 8205 empresas de la eurozona. En primer lugar, sigue estando el efectivo, aceptado por el 92 % de los puntos de venta. Las tarjetas le siguen con un 88 %, y los pagos móviles han aumentado hasta el 68 %. En este contexto, las criptomonedas y las monedas estables (stablecoins) parecen un error estadístico.
Los reguladores ya han introducido MiCA, una normativa que se esperaba aportara claridad al mercado e impulsara a las empresas hacia nuevas soluciones. Sin embargo, las empresas de pagos se muestran reacias: les resulta más sencillo operar con herramientas probadas que construir una infraestructura para activos volátiles y controles adicionales.
Detrás de estas bajas cifras no solo se esconde la cautela de los bancos. Las personas siguen valorando la tangibilidad del efectivo y la predictibilidad de las tarjetas. Las criptomonedas, incluso con bajas comisiones, siguen siendo para la mayoría una herramienta de especulación, y no para la compra diaria de pan o el pago de facturas.
Por su parte, las empresas pierden la oportunidad de reducir intermediarios y disminuir costes. Mientras los sistemas tradicionales cumplen su función de manera fiable, el incentivo para cambiar el orden establecido es escaso, especialmente cuando los riesgos regulatorios y las complejidades técnicas siguen siendo considerables.
En resumen, Europa muestra una brecha clásica entre el potencial tecnológico y el comportamiento real. El dinero aquí sigue fluyendo por cauces antiguos y probados, y las criptomonedas aún no han logrado reestructurarlos.
Para el ciudadano común, esto significa que, por ahora, es más seguro y sencillo mantener los ahorros y realizar pagos de las formas habituales, sin precipitarse a adoptar nuevas vías.


