En Phuket, una petición habitual de un turista se salió de control inesperadamente, en el mejor de los sentidos.
Un huésped del hotel dejó a los empleados una nota con un deseo muy modesto: hacerle una figurita de animal con una toalla.
Probablemente contaba como máximo con un cisne.
O quizá con un elefante.
O con una sola cosa, pero tierna.
Al volver a la habitación, el huésped descubrió que el personal había interpretado la petición no como un deseo, sino como un desafío creativo. 😃
En la cama ya le esperaba todo un zoológico de toallas. 🦢🦁🐘🛌
Es decir, la persona pidió literalmente un animalito y recibió la sensación de haberse alojado no en un hotel, sino en una sucursal de un parque safari, donde todo está muy limpio, suave y cuidadosamente doblado.
La historia es especialmente buena porque nadie se peleó, nadie confundió el pedido y nadie perdió el equipaje.
Simplemente, en algún lugar de Tailandia, los empleados del hotel decidieron que si hay que hacer algo tierno, que sea a lo grande.
Ahora la pregunta principal no es si al turista le gustó la sorpresa.
La cuestión principal es otra:
¿cómo volver a mirar con tranquilidad unas toallas normales y aburridas después de algo así?



