El gobierno de EE. UU. ha implementado una política que prohíbe a sus funcionarios, familiares y contratistas con autorizaciones de seguridad en China, incluido Hong Kong, entablar relaciones románticas o sexuales con ciudadanos chinos. Esta medida, que entró en vigor en enero, permite excepciones para las relaciones preexistentes, sujetas a aprobación. La decisión refleja la preocupación por la posible coerción y la recopilación de inteligencia por parte de los servicios de seguridad chinos a través de conexiones personales.
Esta política se asemeja a restricciones similares durante la Guerra Fría, cuando se disuadía al personal estadounidense en la URSS y China de formar relaciones cercanas con los locales. Su objetivo es mitigar los riesgos asociados con el espionaje y la influencia extranjera. Las personas que violen esta política pueden enfrentar la expulsión inmediata de China. El Departamento de Estado se ha negado a comentar sobre este asunto interno.
China también ha reforzado sus regulaciones, restringiendo los ascensos de los funcionarios con cónyuges extranjeros y limitando las estancias a largo plazo de los diplomáticos en un solo país. Estas medidas paralelas resaltan las preocupaciones mutuas con respecto a las posibles vulnerabilidades derivadas de las relaciones internacionales dentro de los sectores gubernamentales.