El sol ha alcanzado oficialmente su máximo solar, una fase en su ciclo solar de 11 años caracterizada por una mayor actividad magnética y erupciones solares. Este evento astronómico se espera que aumente la actividad de las auroras en el hemisferio norte, permitiendo a los observadores del cielo presenciar las luces del norte con más frecuencia.
El máximo solar ocurre cuando los polos magnéticos del sol se invierten, pasando de un estado tranquilo a uno más activo. La NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) monitorean las manchas solares, que son precursores de las erupciones solares, para rastrear el progreso del ciclo solar.
Recientemente, las manchas solares han aumentado, lo que ha llevado a erupciones solares significativas y tormentas geomagnéticas. Estas tormentas pueden interrumpir las comunicaciones por satélite y las redes eléctricas, pero también crean impresionantes exhibiciones de las luces del norte.
A principios de octubre, una poderosa tormenta geomagnética permitió a observadores tan al sur como Alabama ver las auroras, lo que llevó a la NOAA a emitir una alerta de tormenta geomagnética G4. Esta clasificación indica un nivel severo de actividad solar, una rareza que no se ha visto con frecuencia en años recientes.
El fenómeno ocurre cuando partículas cargadas del sol colisionan con la atmósfera de la Tierra, lo que resulta en exhibiciones de luz vibrantes. Los colores de las auroras dependen de los tipos de gases presentes y de la altitud de las colisiones.
A medida que el máximo solar continúa hasta 2025, aumentarán las oportunidades para observar las luces del norte. Los mejores lugares para verlas suelen estar cerca de los polos magnéticos, siendo Alaska un destino privilegiado en los Estados Unidos.
Para una observación óptima, los expertos recomiendan encontrar lugares oscuros lejos de las luces de la ciudad, especialmente alrededor de la medianoche, cuando las condiciones son más favorables.